Evangelizando al mundo // Miguel Díez // Mensaje 1
La identidad divina de Jesucristo y su rol en la salvación
Jesucristo es el único nombre dado a los hombres por medio del cual hay salvación y vida eterna. Es el Verbo divino que existía con Dios y era Dios, y que se hizo hombre para salvar a la humanidad. Es la fuente de toda bendición, capaz de transformar corazones otorgando fe, esperanza, paz, amor y gozo. Cada año, los creyentes tienen la oportunidad de visitar lugares como las ruinas de Cesarea de Filipo, donde se recuerda la experiencia de Jesús con sus discípulos. En Mateo 16:13-30, Jesús pregunta a sus discípulos quién creen que es el Hijo del Hombre, y Pedro reconoce que es el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Jesús se reconoció como el Mesías, el Ungido de Dios, el Enviado y el Hijo de Dios, otorgando a los que creen en Él la potestad de ser hechos hijos de Dios, según el Evangelio de Juan.
Las manifestaciones divinas de Jesucristo y su confrontación con la incredulidad
El problema de Jesús comenzó cuando se proclamó Mesías y Hijo de Dios, lo que provocó persecución por considerarlo blasfemo. Sin embargo, se manifestó bajo poder divino, sanando enfermos, limpiando leprosos, expulsando demonios y glorificando al Padre. Su afirmación se compara con la de Dios a Moisés en la zarza ardiente, donde Dios se revela como «el que soy», el único que existe desde siempre. Moisés fue escogido para liberar a Israel de la esclavitud y Dios le aseguró que estaría con él, mostrando la relación de autoridad y propósito divino.
La revelación de Jesucristo como el Mesías y su conexión con Dios
Jesucristo utilizó constantemente la expresión «yo soy», identificándose con el nombre impronunciable de Dios. Con la samaritana en el pozo de Jacob, Jesús explicó que los verdaderos adoradores adoran al Padre en espíritu y en verdad. Se reveló como el Mesías y Salvador, enfatizando que aunque tiene muchos nombres, «Jesucristo» es el nombre dado para llegar al Padre y alcanzar la vida eterna.
Las metáforas divinas de Jesucristo y su poder sobre la naturaleza
Jesús se identificó como el pan de vida, la luz del mundo y el que sacia la sed y hambre espiritual de quienes creen en Él. Durante una tormenta en el mar de Galilea, caminó sobre las olas, demostrando que quien confía en Él no teme. Pedro intentó caminar sobre el agua siguiendo a Jesús, pero al perder la fe comenzó a hundirse; Jesús lo rescató y calmó la tormenta. Esto refleja que la fe en Cristo da seguridad y dominio sobre el miedo y la adversidad.
La adoración a Jesucristo y su divinidad reconocida
Los discípulos se postraron ante Jesús, reconociendo su divinidad, ya que los judíos no adoran a un hombre a menos que sea divino. Jesús afirmó ser igual a Dios, camino, verdad y vida, y enseñó que nadie puede llegar al Padre excepto por Él. Su divinidad y autoridad fueron reconocidas por quienes lo seguían y lo adoraban.
La relación con Dios a través de Jesucristo y la importancia de la fe
La relación con Dios mediante Jesucristo ofrece seguridad total. Jesús enseñó en calles y plazas, explicando que muchos son llamados pero pocos escogidos. La incredulidad es el pecado más grave, pero Cristo rescata a quienes buscan la fe, ofreciendo confianza y comunión con Dios. La fe es necesaria para entrar por la puerta angosta, que es Jesucristo, y seguir su voluntad perfecta.
La puerta angosta y la salvación exclusiva a través de Jesucristo
Jesucristo es la puerta angosta; solo por Él se obtiene la salvación. Millones pueden pasar por puertas religiosas, pero ninguna salva. La obediencia a Dios es la vía más inteligente, y el pecado proviene de la desobediencia. Honrar, respetar y obedecer a Jesús garantiza acceso a la vida eterna.
El sacrificio de Jesucristo como redención del pecado humano
Jesucristo es el buen pastor que dio su vida por sus ovejas, pagando completamente la deuda del pecado humano. La justicia de Dios se cumplió en su sacrificio, brindando la posibilidad de vida eterna. Aceptar su sacrificio y seguir sus enseñanzas es esencial para recibir el regalo de la salvación.
La resurrección de Lázaro y la gloria de Dios
Jesús resucitó a Lázaro tras cuatro días de muerto, demostrando su poder sobre la muerte y glorificando a Dios. Aunque los pecados son graves, pueden ser perdonados por la sangre de Jesucristo, que limpia a los pecadores. Su tumba vacía evidencia que venció la muerte, a diferencia de los fundadores de otras religiones.
La llamada a la fe en Jesucristo y la liberación de la muerte
Quien no cree en Jesucristo permanece muerto en sus pecados. La vida abundante solo se obtiene por Él. La resurrección de Lázaro simboliza la promesa de vida para quienes creen. Incluso los moribundos o fallecidos pueden recibir la vida divina si aceptan a Cristo, y el Señor ofrece la luz y la salvación a quienes dan un paso de fe.
La invitación a recibir la paz y la salvación de Jesucristo
Jesucristo ofrece descanso y paz a quienes acuden a Él. Solo Él puede liberar de angustias y pecados, y la fe se obtiene al pedirla. Los creyentes pueden levantar sus manos al cielo y declarar su deseo de creer, recibiendo su bendición, amor, gozo y paz.
La proclamación final de la soberanía de Jesucristo
Jesucristo es la verdadera luz que ilumina y libera de la incredulidad y la muerte. Es el único que salva y pagó por los pecados de la humanidad. Su señorío se reconoce en cielo y tierra, y se le da gloria y honor. Jesucristo reina para siempre, llenando a los creyentes de fe, amor, gozo y paz.

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

