Evangelizando al mundo // Miguel Díez // Mensaje 2
El amor de Dios y el perdón del pecado
Dios odia al pecado pero ama al pecador porque Dios es amor. Quien ama el pecado se convierte en esclavo del mismo y paga sus consecuencias. Dios envió a su hijo Jesús al mundo para salvar a los pecadores, no para condenarlos, y vino a llamar a los pecadores porque no hay nadie justo en el mundo. Jesús buscaba a los perdidos, a los enfermos y a los esclavos del pecado para liberarlos, y siempre que sanaba decía «tus pecados te son perdonados». Los fariseos criticaban a Jesús por relacionarse con pecadores, pero Él les enseñaba a través de parábolas como la del hombre que pierde una oveja y no descansa hasta encontrarla.
La parábola de la oveja perdida y el gozo del arrepentimiento
Esta parábola enseña que hay más gozo en el cielo cuando un pecador se arrepiente que cuando entran 99 justos. Jesús vino a salvar a los que se habían perdido.
La historia de la mujer adúltera y el perdón de Jesús
La salvación del alma se encuentra en el amor de Jesús que perdona. En Juan 8:1 se relata la historia de una mujer sorprendida en adulterio y llevada ante Jesús. Los fariseos querían tentar a Jesús para ver si condenaba a la mujer, según la ley de Moisés debía ser apedreada, pero Jesús predicaba perdón y amor. Jesús escribió en el polvo palabras como «hipócrita» y «mentiroso», y les dijo a los fariseos que quien esté libre de pecado arroje la primera piedra. Como nadie estaba libre de pecado, todos se retiraron. Finalmente Jesús perdonó a la mujer y le dijo que no pecara más, mostrando que el amor verdadero perdona completamente.
La condenación del mundo y el arrepentimiento
El mundo se condena porque ama más las tinieblas que la luz y no busca ser reprendido por sus obras. Dios perdona a quienes se arrepienten. El arrepentimiento implica un cambio de mente, odiar el pecado y amar a Dios, y es necesario para recibir su perdón, como se menciona en 1ª de Juan 1:9, donde se dice que la sangre de Cristo limpia de todo pecado.
El amor de Dios y su manifestación en momentos de crisis
El amor de Dios busca el bien de los demás sin esperar nada a cambio. En desastres como los terremotos de México y Guatemala, muchas personas se acercan a Dios, mostrando que el hombre busca a Dios en momentos de necesidad. La Biblia resume el amor de Dios, y Pablo lo explica en 1ª Corintios 13: sufrido, benigno, sin envidia y sin jactancia. El amor de Dios es ilimitado, da oportunidades para recibir su amor divino que cura el alma y transforma la vida.
La fe y el amor como remedio para la transformación
La fe y el amor son medicina divina que puede sanar y transformar vidas, como se ve en casos de drogadictos que se recuperan gracias a la fe y el amor en Cristo.
La parábola del escriba y el mandamiento del amor
Un escriba preguntó a Jesús cómo alcanzar la vida eterna. Jesús le recordó la Torá y la Sema: amar a Dios con todo el corazón, alma, mente y fuerzas, y al prójimo como a uno mismo. El escriba respondió correctamente, pero Jesús insistió en que se debe hacer lo que se dice, no solo decirlo. El escriba preguntó quién es su prójimo, y Jesús le contó la parábola del hombre asaltado en el camino de Jerusalén a Jericó, ignorado por un sacerdote y un levita, pero auxiliado por un samaritano. Esta historia destaca la importancia de hacer el bien y amar al prójimo, mostrando que el verdadero prójimo es quien necesita ayuda.
La parábola del buen samaritano y su simbolismo
El samaritano muestra compasión y ayuda al hombre herido, usando aceite como símbolo del Espíritu Santo y vino como símbolo de la sangre de Cristo. Cubre las heridas, lo coloca sobre su cabalgadura y lo lleva a un mesón, pagando para su cuidado. Esto simboliza la misión de ayudar a los necesitados y mostrar amor activo.
El amor de Dios y la santidad
Dios es amor y quien no ama no ha conocido a Dios. El pecado puede crecer y dominar a la persona, contaminando a otros. Agustín de Hipona enseñaba que el amor evita el pecado y permite vivir según la voluntad de Dios. La palabra de Dios nos enseña a vivir en respeto, sabiduría y santidad, que se alcanza a través de humildad y arrepentimiento. El amor de Dios es perfecto, eterno y nos amó antes de nuestra creación, y nos invita a actuar por amor a Dios y al prójimo.
El impacto del pecado en la salud física y espiritual
Muchas enfermedades son psicosomáticas y el alma influye sobre el cuerpo. Si el alma está envenenada por el pecado, el egoísmo, la ira o la venganza, el cuerpo se afecta inmediatamente. La mente y el alma sanas permiten un cuerpo sano y libre, mientras que el pecado convierte en esclavo.
La importancia de pedir perdón y recibir la sanidad
Recibir el amor de Dios implica pedir perdón y hacer examen de conciencia para dormir con tranquilidad. Se invita a levantar las manos al cielo para pedir perdón por los pecados y recibir la misericordia divina. Dios tiene compasión infinita y su amor transforma, limpiando y cambiando la vida del creyente.
La sangre de Cristo y la liberación del pecado
Jesucristo trae el perdón de Dios y limpia de toda culpabilidad. Su sangre nos santifica, nos hace limpios y garantiza nuestra salvación.
Las enfermedades espirituales y la liberación
Prácticas como ouija, espiritismo o acudir a curanderos pueden generar enfermedades espirituales y dejan huella negativa. Los demonios pueden causar depresión, ansiedad y miedo, pero el amor de Dios expulsa todo temor.
La sanidad divina y la oración
Se invita a presentar necesidades y enfermedades a Dios, pidiendo sanidad para cuerpo, mente y alma. Dios sana y libera porque su amor es eterno, y los pastores ayudan en la oración. La sanidad se recibe como un regalo, absorbiendo la bendición sin resistencia, confiando en las llagas de Jesús.
La experiencia de la sanidad y el testimonio
Los presentes levantan las manos y ponen otra sobre la parte enferma, pidiendo sanidad y liberación. Se ora por dolores específicos, rompiendo maldiciones y recibiendo poder divino. Se invita a recibir la sanidad, creer en el poder de Dios y agradecer por el cambio experimentado. Los testigos de la sanidad dan gloria a Jesucristo como Señor, Salvador y Sanador.

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

