La Importancia del Bautismo en Agua // Predicación Miguel Diez
La misión de Cristo y la importancia de la oración
Cristo vino al mundo con la misión de salvar a los perdidos, y su obra continúa hoy a través de quienes deciden seguirle y dedicar su vida a la evangelización. La oración y la intercesión son herramientas fundamentales en este propósito, ya que permiten acercarse a Dios, recibir dirección divina y fortalecer la fe antes de actuar. Iniciar cada culto o reunión con tiempo de oración muestra un compromiso serio con la obra de salvación. La gracia de Dios capacita a los creyentes para ser pescadores de almas, es decir, personas que buscan llevar el mensaje de salvación a otros. Este ministerio requiere responsabilidad, discernimiento y reflexión constante sobre cómo mejorar la labor dentro de la congregación, especialmente en el cuidado espiritual de familiares y amigos.
Encuentro personal con Cristo y verdadero arrepentimiento
No basta con conocer la doctrina o aceptar que el evangelio es verdadero; un encuentro personal con Cristo transforma radicalmente la vida de quien lo experimenta. Este encuentro provoca un verdadero arrepentimiento, que no es solo sentir remordimiento, sino reconocer la propia maldad, experimentar dolor por el pecado y humillarse ante la gloria y el amor de Dios. La confesión sincera de los pecados, sin excusas ni justificaciones, es un paso esencial para recibir el perdón divino. El bautismo en agua se convierte así en un acto simbólico de muerte al pecado y renacimiento en Cristo, preparándonos para recibir el Espíritu Santo y vivir una vida plena de obediencia, amor y santidad.
La urgencia de la evangelización y la responsabilidad del creyente
Evangelizar es una responsabilidad de cada creyente, ya que muchos no tendrán otra oportunidad de escuchar el mensaje de salvación. Esta tarea no se limita a viajes largos o misiones lejanas, sino que también incluye acercarse a quienes nos rodean: vecinos, compañeros de trabajo, familiares y amigos. La evangelización constante exige reflexión sobre nuestra vida espiritual, compromiso con la oración y disposición para actuar según la voluntad de Dios. Los creyentes deben asumir su papel activo en la misión de Cristo, siguiendo el ejemplo de Jesús y sus apóstoles, quienes dedicaron su vida a pescar almas, asegurando que el mensaje del evangelio llegue a todos.
Bautismo en agua y vida nueva en Cristo
El bautismo en agua es un acto de obediencia que simboliza la muerte al ego, al pecado y al mundo, y la resurrección a una nueva vida en Cristo. Es un testimonio público de conversión, mostrando a la congregación, a la familia y a Dios el compromiso con una vida de santidad y obediencia. Este paso no solo prepara al creyente para recibir el Espíritu Santo, sino que también fortalece su fe, le enseña a vivir en gozo y paz, y asegura que los hijos y familiares comprendan la importancia de seguir la voluntad de Cristo. La preparación para el bautismo incluye reflexión, arrepentimiento genuino y un entendimiento profundo de su trascendencia espiritual, evitando la superficialidad o la hipocresía.
Renovación espiritual y obediencia diaria
Vivir en Cristo significa una renovación diaria: morir al ego, a la maldad y a los deseos del mundo para vivir conforme a la voluntad de Dios. La gracia de Dios permite participar de la resurrección de Cristo y transformarnos en nuevas criaturas, dejando atrás hábitos, actitudes y pensamientos que nos alejaban de Él. Cada día es una oportunidad para orar con fervor, evangelizar con pasión y reafirmar nuestra obediencia. Esta vida de renovación diaria protege al creyente de caer en la hipocresía religiosa y lo fortalece para ser un testimonio de fe, amor y santidad dentro de la familia y la comunidad.
Llamado a la acción
Seguir a Cristo implica tomar decisiones conscientes y responsables: abandonar la hipocresía, vivir en obediencia y actuar según la voluntad divina. La oración, la evangelización y el bautismo son instrumentos esenciales para cumplir esta misión y guiar a otros hacia la salvación. Cada acción de obediencia fortalece nuestra fe y ofrece un ejemplo vivo de santidad, demostrando que el compromiso con Dios no es solo teórico, sino práctico y transformador. Los creyentes son llamados a ser instrumentos de Dios, asegurando que sus familiares y seres queridos tengan la oportunidad de experimentar la gracia y la salvación que Cristo ofrece.

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

