La Palabra para Hoy – 2 Corintios 11:3
La fidelidad que vence los sentimientos
«Pero temo que, así como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean también de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo.» — 2 Corintios 11:3
Pablo dirige esta advertencia a una iglesia que no carecía de dones espirituales ni de entusiasmo. Los corintios habían dejado atrás la religión vacía, pero corrían el riesgo de caer en otro extremo: dejarse guiar más por sus emociones y sensaciones que por la verdad de Dios.
El apóstol recuerda el caso de Eva. La tentación no comenzó con una negación abierta de Dios, sino con una seducción dirigida a sus sentidos. Ella vio, deseó y sintió que aquello era bueno. Cuando los sentimientos ocuparon el lugar de la obediencia a la Palabra, el engaño encontró una puerta abierta.
Lo mismo puede ocurrir hoy. En tiempos de fervor espiritual, avivamiento o crecimiento, existe el peligro de confundir la voz de Dios con las emociones humanas. Los sentimientos son parte de nuestra experiencia cristiana, pero no fueron diseñados para dirigir nuestra fe. La fe debe descansar sobre la verdad inmutable de la Palabra de Dios.
Esto no significa vivir una vida cristiana fría o sin pasión. Al contrario, la vida en Cristo es vibrante, llena de gozo y profundamente transformadora. Sin embargo, debemos aprender a discernir entre la obra genuina del Espíritu Santo y las inclinaciones de nuestra alma. El corazón humano puede ser engañoso, por lo que necesitamos examinarnos constantemente a la luz de las Escrituras.
Cada día es una oportunidad para mirar nuestro reflejo en el espejo de la Palabra y permitir que Dios corrija aquello que no está alineado con Su voluntad. Cuando nuestros sentimientos cambian, la verdad de Dios permanece. Cuando nuestras emociones fluctúan, Su Palabra sigue siendo firme.
Reflexión
¿Estoy tomando decisiones basadas en lo que siento o en lo que Dios ha dicho en Su Palabra? ¿Dedico tiempo cada día a examinar mi vida a la luz de las Escrituras?
Oración
Señor, ayúdame a mantener una fidelidad sincera a Cristo. No permitas que mis emociones o percepciones me aparten de Tu verdad. Dame discernimiento para reconocer el engaño y un corazón humilde para someterme cada día a Tu Palabra. Que mi fe esté firmemente fundamentada en Ti y no en mis sentimientos. En el nombre de Jesús, amén.
Verdad para recordar:
No bases tu fe en lo que sientes; basa tu fe en la Palabra de Dios, que permanece para siempre. Que Dios te bendiga.

