La religión no es suficiente // Juan José Estévez
La historia de Cornelio y su visión
La Biblia relata la historia de Cornelio, un centurión de la compañía llamada la italiana, quien era piadoso, temeroso de Dios y practicaba limosnas constantemente, orando siempre. Recibió una visión de un ángel que le indicó enviar hombres a Jope para buscar a Simón, también conocido como Pedro. El ángel le aseguró que Pedro le diría lo necesario para su vida. Cornelio envió a dos criados y a un devoto soldado a buscar a Pedro. Mientras se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea para orar y tuvo una visión del cielo abierto con un gran lienzo que descendía, mostrando animales terrestres, reptiles y aves. Una voz le ordenaba comer, pero Pedro se negó porque nunca había consumido nada impuro. La voz le explicó que lo que Dios había limpiado no debía llamarlo común, repitiéndose tres veces. Mientras Pedro reflexionaba sobre la visión, los enviados de Cornelio llegaron a la puerta preguntando por él.
La visión de Pedro y la reunión con Cornelio
El Espíritu indicó a Pedro que fuera con los hombres enviados, pues Dios los había enviado. Pedro descendió, se identificó y comprendió que debía acompañarlos. Al día siguiente, llegaron a Cesárea, donde Cornelio los esperaba con familiares y amigos cercanos. Cornelio se postró ante Pedro, pero este lo levantó, recordándole que también era hombre.
La vida piadosa de Cornelio y su influencia
Cornelio, capitán romano en Cesarea, a pesar de ser enemigo de los judíos, tenía influencia sobre ellos y el favor del pueblo. La vida de Cornelio y Pedro estaba guiada por Dios para que se reunieran, demostrando que las agendas humanas están bajo el control divino. Cornelio era piadoso y su oración había sido escuchada, recibiendo la visión de un varón con vestido resplandeciente que le indicó enviar a buscar a Pedro. Esta reunión fue organizada por Dios para que Cornelio escuchara el evangelio y accediera a la salvación. Su testimonio y buena vida influían en su familia y entorno, incluyendo hijos y esposa.
La insuficiencia de la religiosidad para la salvación
La piadosidad refleja honestidad y transparencia, pero no garantiza la salvación. Muchas personas actúan con temor religioso o por obligación, buscando evitar el castigo del pecado, pero no por amor a Dios. Cornelio administraba su dinero con generosidad e invertía en obras sociales, pero esto no era suficiente para su salvación. La intervención de Pedro y el evangelio eran esenciales para que Cornelio encontrara el camino de salvación. La visión de Pedro sobre comer animales inmundos simbolizaba que debía predicar a los no judíos, mostrando que la moral y la religiosidad no salvan; solo la palabra de Dios y la aceptación de Jesucristo llevan a la vida eterna.
La necesidad de escuchar el evangelio para ser salvo
Las oraciones y la vida de Cornelio fueron clave para que Dios enviara a alguien a predicar el evangelio. Sin escuchar la palabra de Dios, la salvación no se alcanza. La conducta piadosa no asegura la salvación; todos necesitamos que alguien nos lleve la palabra de Dios. Dios no hace acepción de personas; la gracia divina salva, independientemente de la religión o conducta. Cornelio necesitaba escuchar el evangelio para ser salvo, demostrando que la gracia y la palabra de Dios son imprescindibles.
El nuevo nacimiento y la gracia de Dios
Jesús enseñó a Nicodemo que el nuevo nacimiento es indispensable para la salvación. La ética, la moral o la sabiduría no bastan; se necesita la gracia de Dios y la intervención del Espíritu Santo. El propósito de predicar el evangelio es guiar a las personas al camino de salvación. Cornelio y Nicodemo eran justos según los estándares humanos, pero no estaban salvos hasta recibir la obra de Dios en sus vidas. Nacer de nuevo implica recibir la vida de Dios y no depender de méritos o prácticas religiosas.
La obra de Dios en la vida de Cornelio y Nicodemo
El término griego para “nacer de nuevo” indica recibir la acción de Dios, no esfuerzo humano. La intervención divina produce la vida nueva, transformando la existencia desde dentro. La vida piadosa o la moralidad no generan salvación; la salvación depende de la obra de Dios en el corazón. Cornelio y Nicodemo necesitaban que Dios interviniera para experimentar el nuevo nacimiento y encontrar la vida verdadera.
El poder de la palabra de Dios y el Espíritu Santo
La palabra de Dios y el Espíritu Santo son los agentes que producen el nuevo nacimiento. Las buenas obras y la religiosidad no justifican ante Dios; solo la vida de Cristo y la palabra divina transforman. La palabra de Dios transforma al pecador, une al creyente con Cristo y otorga vida resucitada. Cornelio y su familia estaban dispuestos a escuchar la palabra de Dios, lo que los diferenciaba de quienes rechazan el evangelio.
La diferencia entre creyentes y no creyentes
Los creyentes se distinguen por su disposición a escuchar la palabra de Dios y recibir la vida nueva. La religiosidad mejora la conducta pero no salva; solo la intervención del Espíritu Santo mediante el evangelio transforma. La fe no depende de simpatía humana, sino de la obra de Dios que hace eficaz su palabra en los corazones.
La importancia de la cruz y la resurrección
La conducta y moral de Cornelio permitieron que Dios enviara a Pedro, pero no eran suficientes para la salvación. La búsqueda de Dios, aun imperfecta, puede llevar a escuchar el evangelio. El mensaje esencial es la muerte y resurrección de Cristo; en la cruz se alcanza la libertad sobre los pecados. La vida de Cornelio ejemplifica cómo Dios usa la conducta piadosa para actuar, aunque la salvación dependa de la gracia.
La obra del Espíritu Santo y la vida nueva
Al escuchar el evangelio, el Espíritu Santo otorgó vida nueva a Cornelio y los oyentes. Nacer de nuevo requiere permitir que la semilla del evangelio produzca fruto interior y vida en Cristo. La muerte de Jesús en la cruz es suficiente para el perdón, pero el creyente debe unirse a su muerte para recibir la vida resucitada. El nuevo nacimiento se logra solo por gracia de Dios, como sucedió con Cornelio y Pablo.
La fe en Jesucristo y la vida de Cristo
Nicodemo y Cornelio demostraron que la moralidad y la ética no son suficientes; es necesaria la intervención divina. Creer en Jesucristo como el Cristo nacido en carne identifica a quienes tienen la vida de Dios en su interior. La cruz otorga poder para vencer el pecado y recibir la vida de Cristo, iniciando una obra que Dios completará en la vida de cada creyente.
La victoria sobre el pecado y el mundo
La incredulidad domina cuando no se cree en Jesucristo. La palabra de Dios, eficaz en los corazones, rompe el poder de la incredulidad y otorga vida nueva. Ser como Jesús requiere que el Espíritu Santo convenza del sacrificio de Cristo y de la obra que se realiza en la cruz. La vida de Cristo transforma la existencia, alejándola de conflictos, rencores y deseos mundanos. Los nacidos de Dios vencen al mundo por el Espíritu Santo, no por esfuerzo propio.
El amor y la santidad en la vida cristiana
La santidad surge de la vida de Dios en el creyente, produciendo temor de Dios y sabiduría para evitar el pecado. Aunque se pueda pecar, quien es nacido de Dios no practica el pecado, aborrece la maldad y es libre del poder del pecado. La victoria sobre el mundo y la vida de amor sacrificial provienen de la vida de Dios en el corazón. Amar a los demás requiere el amor que Cristo infunde en la persona, no amor propio.
La liberación y la transformación por Cristo
La liberación implica abandonar el ego y amar a Dios y a los demás. Solo el nuevo nacimiento permite que la vida de Dios produzca cambios permanentes en el creyente. La regeneración es necesaria para que la vida de Dios habite y transforme, evitando ser vencido por la maldad.
La resurrección de Jesús y la vida eterna
La salvación y la vida eterna dependen de nacer de nuevo, no de Pedro ni de los apóstoles, sino de la obra de Cristo. Dios trabaja con todos, imperfectos y autoperfectos, y su obra comienza y termina en la cruz. La resurrección de Jesús es la garantía de recibir vida eterna y vivir la vida de su resurrección en la tierra.
La obra de Dios en la vida de los oyentes
La vida transformada que recibimos proviene de la resurrección de Jesús y no de nuestras propias acciones. La palabra de Dios, escuchada con fe, permite que el Espíritu Santo obre milagros y produzca vida nueva. Cornelio y su familia recibieron al Espíritu Santo al escuchar el evangelio de Pedro, experimentando la vida de Dios.
Oraciones y bendiciones finales
Se invita a los oyentes a permitir que el Espíritu Santo transforme su vida, rompiendo el poder del pecado e incredulidad. Se pide que Dios derrame su Espíritu, otorgue perdón, y complete la obra de salvación en cada persona, despojando la vida vieja y manifestando poder, gracia y fruto diario. La obra de Dios se realiza en el nombre de Jesucristo, para que cada creyente viva su voluntad y reciba la vida eterna.

