Lo que debes saber sobre “El Reino de Dios” // Estamos Contigo

Lo que debes saber sobre El Reino de Dios. Estamos Contigo

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Verdades eternas vs. circunstancias temporales

El propósito principal del programa es ser mensajeros de las verdades eternas, porque lo que no es una verdad eterna puede ser una circunstancia temporal y pasajera que es engañosa. El mundo no es eterno, tuvo un principio y tendrá un fin, y es mentira que tenga una existencia de miles y miles de millones de años, y lo mismo sucede con la existencia del ser humano. El sol se desgasta a gran velocidad, se quema y no es eterno, por mucho que haya muchos adoradores del sol que lo tratan como un dios. La ciencia avanzada puede comprender cuánta energía consume el sol por segundo y que tiene caducidad, lo que contradice la idea de que el sol y la creación de Dios tengan miles de años de existencia.

La eternidad del reino de Dios y su contraste con lo terrenal

Lo que sí es eterno es el reino de Dios, el rey Dios es eterno y reina desde siempre y para siempre, no tiene fin. Las circunstancias que pasan son efímeras y no son más que vanidades, y no importa lo que se piense, porque hay verdades eternas, pero los incrédulos no quieren aceptar ninguna verdad absoluta ni un Dios absoluto.

El mensaje de Jesucristo y la cumplimentación de la Torá

Se hablará del reino de Dios y su justicia, empezando por Jeremías 6:16, que dice «paraos en los caminos y mirad y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino y andad por él». Jesucristo no vino al mundo a fundar ninguna religión, sino que cumplió una religión para testimonio y para librar a la humanidad de la maldición de la ley que condena, que es la Torá. Jesús superó la ley con totalidad y fue el único que la cumplió para dar testimonio de su victoria y librarnos a los que es imposible cumplirla. El mensaje inicial de Jesús fue «arrepentíos porque el reino de los cielos se ha acercado», lo que significa arrepentirse de ser ciudadanos del rey del mundo que tomó el control cuando Adán y Eva pecaron. Se debe arrepentir de ser ciudadanos de los reinos del mundo y de los fanatismos de ser de una nacionalidad o región, y ser aceptados como ciudadanos del reino eterno. Jesucristo vino a salvar al hombre de la condenación que merece su pecado, no a crear una nueva religión, y su sacrificio es definitivo y para siempre, permitiéndonos apelar a él cada vez que buscamos perdón y misericordia de Dios.

La ciudadanía del reino eterno y el arrepentimiento

Jesús no era cristiano, era judío, y vino a los judíos arraigados a la ortodoxia para decirles que se arrepientan del nacionalismo y que su sacrificio es el reflejo de la sangre que derramaría para pagar por el pecado. El sacrificio de Jesucristo es único y no necesita ser repetido como los sacrificios de los corderos en la religión judía, y su mensaje de arrepentimiento y salvación es el mismo que predicaba Juan Bautista. El don del arrepentimiento implica reconocer que se es pecador y que se necesita el perdón de Dios, que no se puede obtener a través de ninguna religión o práctica religiosa, sino solo a través de Cristo. Jesús vino a establecer el Reino de Dios, y no a fundar el cristianismo, y su mensaje es de perdón y paz con el Padre.

El plan divino y el reinado de Jesucristo

La Biblia habla del Rey y del Reino de Dios desde el principio hasta el fin. Se concluye con el reinado de Jesucristo por 1000 años en la tierra y luego reinará eternamente en el cielo con su pueblo redimido. Los discípulos de Jesús fueron llamados cristianos por primera vez en Antioquía, aunque antes se les llamaba fieles y seguidores del Camino. El plan divino culmina en el establecimiento del Reino de Dios en la tierra, quitándole el reinado a Satanás, y el Evangelio del Reino es el mensaje que se debe aceptar para ser parte del Reino.

La parábola del Sembrador y el nacimiento espiritual

La parábola del Sembrador en Mateo 13:19 habla de la palabra del Reino y cómo algunos no la entienden. La buena semilla son los hijos del Reino, y la cizaña son los hijos del malo. Es fundamental nacer de nuevo para entender y conocer el Reino de Dios, y los hijos del Reino son aquellos que han aceptado la ciudadanía del Reino eterno y han renunciado a la ciudadanía satánica terrenal.

La ciudadanía terrenal vs. la ciudadanía celestial

La ciudadanía terrenal se refiere a pertenencia a un país o sistema mundial, pero como seguidores de Jesús se debe renunciar a esta ciudadanía y buscar la ciudadanía en el Reino de Dios. Jesús dio a sus discípulos, como Mateo, la comisión de predicar que el Reino de los Cielos se ha acercado, y esto se puede hacer en cualquier lugar, incluso en un banco, compartiendo el mensaje del Reino de Dios.

La inversión en el reino de Dios

El Reino de Dios ofrece una inversión más rentable que cualquier banco terrenal, ya que el Señor da el ciento por uno, o al menos el 30%, 60%, 90% o 100%. La labor de un embajador del Reino de Dios es anunciar el Evangelio del Reino y llamar a la gente a arrepentirse de su ciudadanía terrenal y unirse al Reino de Dios, y esto se puede hacer en cualquier lugar, incluso con la familia.

La resurrección de Jesús y la enseñanza sobre el reino

Después de resucitar, Jesús se presentó vivo a sus discípulos durante 40 días y les enseñó sobre la naturaleza y características del Reino de Dios. Ser embajador del Reino de Dios no se limita a abrir locales de culto o predicar en un púlpito, sino a llevar el mensaje a todas las áreas de la vida y la sociedad.

La religión vs. la relación con Dios

La religión se convirtió en una herramienta social y para respetar la ley humana, aunque no siempre permitió predicar el evangelio o bautizar. Se concluyó que una reunión de personas en el nombre de Jesucristo constituye iglesia, ya que Jesús dijo que donde dos o más se reúnen en su nombre, él está en medio de ellos. Se adoptó el nombre de «Cuerpo de Cristo» para constituirse como congregación evangélica y acercarse a los evangélicos.

La experiencia comunitaria y la pandemia

La pandemia de covid-19 cerró muchos locales de culto, pero no impidió las reuniones familiares en la comunidad, permitiendo vivir una experiencia verdadera de iglesia. Vivir en comunidad y compartir todo permite disfrutar de la iglesia original establecida por Jesucristo, y la palabra «hermano» debe usarse de manera honesta y sincera.

La predicación del reino de Dios por Pablo y Jesús

El apóstol Pablo habló durante tres meses en la sinagoga sobre el Reino de Dios. Su vida terminó con dos años de predicación del Reino de Dios y enseñanza sobre Jesucristo, sirviendo de ejemplo de dedicación al mensaje del rey y su reino. Jesucristo predicó abiertamente durante 2 años sobre el Reino de Dios, y la Biblia contiene cientos de mensajes sobre el Rey desde el principio hasta el fin.

La fidelidad a la visión celestial

Pablo, juzgado por el rey Agripa, declaró que no fue rebelde a la visión celestial y permaneció fiel a ella, no a una visión terrenal o religiosa. En el cielo no hay religión, sino una relación de amor total y eterno entre el Padre y sus hijos, de los cuales Jesucristo es el primogénito, entregado para formar esa santa relación de familia eterna de Dios.

La entrada al reino de Dios y el nuevo nacimiento

Jesús enseñaba que no todo el que dice «señor, señor» entrará en el Reino de los Cielos, sino quien hace la voluntad del Padre. La voluntad del Rey se encuentra en la Biblia, y en Juan 3:3-5 se indica que quien no nace de nuevo no puede ver ni entrar en el Reino de Dios. Nicodemo buscaba cumplir la única religión verdadera, la Torá, pero se reveló la gracia del perdón del nuevo pacto en Cristo Jesús. La entrada al Reino de Dios requiere un nuevo nacimiento.

La puerta del reino y la circuncisión espiritual

La puerta para entrar en el Reino de Dios es Jesucristo. Para pasar por ella, es necesario arrepentirse del mundo, amar a Dios, no ser esclavo del reino de la oscuridad, ser circuncidado y muerto por la palabra de Dios, y resucitar con un nuevo corazón. El nuevo nacimiento significa nacer en el espíritu, por la fe, el agua de la palabra pura de Dios y el Espíritu de Dios.

La corrupción en la vida cristiana y la religión pura

Muchos pastores y creyentes buscan su propio reino familiar y material, en lugar del Reino de Dios, lo que puede llevar a una vida de lujo y al ateísmo o materialismo de sus hijos. La religión pura y sin mancha delante de Dios es atender a huérfanos y viudas y guardarse sin mancha del mundo, según Santiago 1:27.

El tesoro del reino y la renuncia material

El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido o a una perla preciosa, y requiere vender todo para adquirirlo. Jesucristo es la perla preciosa y la puerta del templo celestial de la gran Jerusalén, simbolizando la entrada al lugar Santo y Santísimo.

La discipulatura y la renuncia a los bienes terrenales

Para ser discípulo de Cristo se debe vender todo y dar limosna, haciendo tesoros en los cielos que no se agoten, como se menciona en Lucas 12:32-34. Muchos predican sobre el Reino de Dios, pero pocos mencionan que para entrar en él se debe renunciar a lo terrenal.

La propiedad divina y la libertad en Cristo

Nada ni nadie nos pertenece, todo es del Señor. Amar a Dios con todo el corazón es posible solo por gracia. Cristo es nuestro tesoro y nos basta; él provee todo lo necesario y es dueño de todo lo que existe.

La economía del reino de Dios

El reino de Dios se basa en su economía, según Mateo 6:33, buscando primeramente el reino y su justicia, y todas las demás cosas son añadidas. La búsqueda del Rey y su reino es principal, y Dios añade fielmente lo que se necesita.

La parábola de la levadura y la fe

El Reino de Dios se simboliza con la levadura que fermenta toda la masa, representando la fe que transforma cuerpo, alma y espíritu. La fe es como una semillita de mostaza que produce un gran árbol, santificando la vida del creyente.

La presencia del reino de Dios y su anuncio

Muchos creen que el Reino de Dios no ha venido, pero el Rey ya vino y con él su reino. Según Lucas 17:20-21, el reino de Dios está en medio y dentro de los creyentes. Desde Juan Bautista, todos se esfuerzan por entrar en él, como se menciona en Lucas 16:16.

La lucha entre reinos y la sabiduría divina

La sabiduría del Rey busca entrar en un mundo dominado por reinos satánicos. Mateo 24:14 indica que el Evangelio del Reino será predicado en todo el mundo antes del fin. Se espera que muchos crezcan en la revelación del Espíritu Santo.

La revelación del Espíritu Santo y el discipulado

La revelación del Espíritu Santo despierta al verdadero nacimiento espiritual, libre de religión y normas, para predicar el Reino de Dios y su justicia. Los embajadores del Rey eterno tienen la responsabilidad de representarlo y predicar el Evangelio del Reino en todo el mundo.

La responsabilidad de los embajadores del reino

Algunos embajadores han aceptado el Evangelio de Jesucristo y se han convertido, como en Israel y otros países. Se recuerda que recibimos un reino inconmovible y debemos servir a Dios con gratitud, temor y reverencia. El Rey pide que seamos verdaderos súbditos del Reino eterno.

La servidumbre al rey eterno y la justicia

Se nos pregunta para quién trabajamos, si no es para el Rey Jesucristo y su Reino. Se nos pide servir al Rey eterno y establecer su justicia. El Reino de los Cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan, desde los días de Juan el Bautista hasta ahora.

La victoria sobre el maligno y la vida eterna

Dios venció al rey de este mundo mediante la muerte y resurrección de Jesucristo. Los ciudadanos del Reino de los Cielos ya no están sujetos a la muerte; Jesucristo guarda su palabra y les da vida eterna. Los ciudadanos del Reino son embajadores del Rey, y al morir los ángeles los llevan a la gloria eterna.

La invocación a los discípulos y la bendición final

Se invita a los discípulos a ser valientes y establecer la justicia de Dios, venciendo a los reinos del maligno. Se anuncia un discipulado para soldados de Cristo. Se agradece a Dios por permitir la entrada al Reino mediante Jesucristo y se pide que el Espíritu Santo derrame poder y convencimiento de pecado, justicia y juicio. Se pide enviar obreros a la mies y predicar el Evangelio a todas las naciones. Se da gracias por vivir con el Rey eterno en el corazón y se bendice a los oyentes en el nombre de Yeshua.

Miguel Díez Portada

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

Conocer aquí la biografía de Miguel Díez

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