¿Quién es Dios? Conócelo a Través de la Biblia // Carlos Reich DISCIPULADO CUEPRO DE CRISTO
La importancia de la Biblia para conocer a Dios
El tema central de este contenido es la necesidad de conocer a Dios a través de la Biblia, ya que todo lo que se sabe de Él proviene de este libro sagrado. Para hablar con autoridad sobre Dios, es imprescindible no tener dudas sobre la validez de las Escrituras. La Biblia es la base del conocimiento divino, y por medio de ella se puede comprender quién es Dios, su naturaleza y su propósito para la humanidad.
El origen del nombre de Dios y su revelación en la Biblia
La palabra “Dios” tiene un origen pagano, derivada del nombre del dios mitológico griego Zeus, que evolucionó a “Deus” y finalmente a “Dios” en español. Sin embargo, en la Biblia, especialmente en el Antiguo Testamento, Dios se revela de una manera mucho más profunda. En Éxodo 3:14-15, cuando Dios se manifiesta a Moisés, se presenta como “Yo soy el que soy”. Esta declaración no solo confirma su eternidad, sino también su identidad divina, ya que Jesucristo también se presentó como “Yo soy”, demostrando su naturaleza divina.
En el judaísmo, el nombre de Dios se conoce como el tetragramatón, escrito en hebreo antiguo como YHWH. Este nombre se ha traducido de diversas formas, como Yahvé o Jehová, siendo Yahweh la pronunciación más cercana a la fonética original. Debido al gran respeto que los judíos tienen por el nombre de Dios, evitan pronunciarlo y lo consideran sagrado.
La eternidad de Dios y la dificultad humana para comprenderla
Dios existe desde la eternidad pasada y continuará existiendo hacia la eternidad futura. Su existencia es un presente continuo sin principio ni fin, como lo expresa la frase “yo soy el que soy”. La comprensión humana de la eternidad es limitada, pues estamos condicionados por la percepción física de tiempo y espacio. Aun así, espiritualmente es posible entender que Dios trasciende nuestras dimensiones y que su existencia no está sujeta a los límites humanos.
La creación y la existencia de Dios como creador
Dios es el creador de todas las cosas, y su existencia sin principio ni fin se evidencia en el relato bíblico de Génesis 1: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. La pregunta de quién creó a Dios se responde con la lógica de que el que crea no puede ser creado. Dios, siendo el creador supremo, no tiene origen y es el fundamento de todo lo creado. Hebreos 1:10 confirma que Dios fundó la tierra y los cielos como obra de sus manos, y Colosenses 1:16 afirma que todas las cosas visibles e invisibles fueron creadas por Él.
La fe como medio para conocer a Dios
La capacidad humana de comprender a Dios está limitada por los cinco sentidos: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Sin embargo, al desarrollar la vida espiritual, se puede comprender lo invisible por medio de la fe. La fe no requiere ver ni tocar para creer, tal como se expresa en Hebreos 11:6. La fe es esencial para agradar a Dios, y se fortalece al escuchar y estudiar la palabra. Al oír la palabra de Dios, surgen cuestionamientos que llevan a considerar la posibilidad de que la Biblia sea verdadera, lo que eventualmente conduce a la fe y al conocimiento de Dios.
La importancia de estudiar la Biblia
La palabra de Dios es poderosa y enciende la fe en el corazón de quienes la escuchan. Por ello, es fundamental dedicar tiempo a escudriñar y estudiar la Biblia, aunque no sea necesario convertirse en teólogo. Con unos minutos al día se puede crecer espiritualmente. Estudiar la Biblia es necesario para encontrar vida y gozo, y no se requiere conocimiento previo, ya que nadie nace conociendo las Escrituras. La clave es la paciencia y el empeño.
Un método útil es memorizar la ubicación de los libros bíblicos, comenzando por los cinco primeros del Antiguo Testamento y los cinco primeros del Nuevo Testamento, y luego continuar con el resto. Conocer la estructura de la Biblia facilita la comprensión y el estudio efectivo de su mensaje.
La necesidad de fe y la crítica a la incredulidad
La Biblia advierte que “mi pueblo pereció por falta de conocimiento” y que “sin fe es imposible agradar a Dios”. Por ello, la fe y el conocimiento de la palabra son esenciales para acercarse a Dios. No es necesario pedirle pruebas a Dios para creer en su existencia, porque Él no es un ser que deba cumplir caprichos humanos. La falta de fe no demuestra que Dios no exista, sino que refleja la postura de aquellos que no quieren creer. La Biblia afirma que los necios niegan la existencia de Dios, pero esto no cambia la realidad divina, sino que evidencia una actitud de incredulidad.
La creación como testimonio de Dios
La creación es un testimonio evidente de la existencia de Dios. La majestuosidad del océano, la inmensidad del universo y la belleza de la naturaleza muestran que el universo no puede ser producto de la casualidad. La parábola de la paella se utiliza para ilustrar que una obra compleja no surge por azar, sino por la intervención de un creador.
La teoría de la evolución se presenta como una hipótesis especulativa que no puede demostrarse plenamente, y se cuestiona la idea de que todo haya surgido por evolución casual. Se menciona incluso que Darwin, padre de la teoría, se arrepintó al final de su vida, lo cual se usa como argumento en contra de la evolución. La Biblia reafirma que la creación entera declara la gloria de Dios y la maravilla de sus obras, evidenciando la existencia de un creador.
La omnipresencia de Dios
Dios es omnipresente, es decir, está presente en todos los lugares al mismo tiempo y puede atender a cada persona simultáneamente. Aunque los seres humanos están limitados por el tiempo y el espacio, Dios no tiene esas restricciones y puede acercarse a cada persona en cualquier momento. La Biblia expresa esta realidad en Jeremías 23:24 y en el Salmo 139, donde se afirma que no hay lugar donde Dios no esté. La palabra “omni” implica universalidad, por lo que la presencia divina abarca todo.
La omnisciencia de Dios y la necesidad de honestidad
Dios es omnisciente, posee todo conocimiento y sabe todo, como se describe en Proverbios 15:3 y en Mateo 10:29-30, donde Jesús señala que ni un pajarito cae sin que Dios lo sepa y que incluso los cabellos de cada persona están contados. Por ello, aunque algunas personas estén acostumbradas a ocultar cosas, al entrar en el reino de Dios deben abandonar el engaño y vivir con honestidad.
El apóstol Pablo enseña que quien está en Cristo es una nueva criatura y que las cosas viejas pasaron, por lo que es fundamental ser sincero con Dios y pedir la ayuda del Espíritu Santo para dejar atrás las viejas costumbres.
La omnipotencia de Dios y la fe en sus milagros
Dios es omnipotente y todopoderoso, capaz de hacer más allá de lo que se puede entender. Aunque nada es imposible para Él, no actúa como un genio de la lámpara que concede deseos, sino que responde a las peticiones hechas en el nombre de Jesús y realiza milagros conforme a su voluntad. La Biblia enseña que todo lo que se pida al Padre en el nombre de Jesús será concedido, lo que requiere fe y confianza en su poder.
La eternidad y soberanía de Dios
Dios es eterno, no tiene principio ni fin, y su nombre es eterno, como lo expresan Deuteronomio 32:40 y Salmo 135:13. La soberanía de Dios significa que Él posee autoridad suprema, independiente e incontestable, y no está sujeto a nadie ni depende de nadie. A diferencia de los reyes y emperadores que dependieron de otros, Dios es soberano en todo. La Biblia resalta su soberanía en Isaías 46:9-10 y en 1 Crónicas 29:1, donde se afirma que Dios hace todo lo que quiere y domina sobre todo.
La inmutabilidad y santidad de Dios
Dios es inmutable, es decir, no cambia. Su voluntad, carácter y designios permanecen constantes, como se afirma en Malaquías 3:6 y Santiago 1:17. Además, Dios es santo y perfecto, sin pecado, como se expresa en Éxodo 15:11 y Salmo 99:9. La justicia es otra característica esencial de Dios, y es imposible que actúe con injusticia. La santidad y la justicia están estrechamente relacionadas, porque si Dios obrara injustamente, no sería santo ni digno de estar en el trono.
La justicia y el amor de Dios
Aunque a veces se perciba que Dios actúa de manera incomprensible, todo lo que Él hace es justo. Jeremías 23:6 destaca que la justicia divina se manifiesta en todas sus obras. El amor es parte esencial de la naturaleza de Dios, inherente a su ser. Jeremías 31:3 habla del amor eterno de Dios, y el Salmo 139 muestra que Dios conoce nuestras vidas desde el principio. En 1 Juan 4:8 se afirma que “Dios es amor”, y Juan 3:16 revela que Dios amó al mundo tanto que envió a su Hijo Jesucristo para dar vida eterna a quienes crean en Él.
Los nombres y títulos de Dios
Debido a que los judíos evitaban pronunciar el nombre de Dios, se utilizaban diversos nombres que reflejan su naturaleza y atributos. Uno de ellos es Elohim, que aparece en Génesis 1:26 y sugiere pluralidad, lo que se relaciona con la idea de la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Otro nombre es Jehová o Yahvé, derivado del verbo “ser” en hebreo, que abarca pasado, presente y futuro, significando “el que fue, el que es y el que será”. También se le llama el Altísimo, exaltado por encima de todo, como se menciona en Génesis 14:18-20. El nombre El Shadai significa que Dios es suficiente para las necesidades de su pueblo, y se encuentra en Éxodo 6:3.
Otros títulos incluyen Adonay (Señor), que expresa dominio y gobierno; Jehová Rafá (el sanador); Jehová Nisi (mi estandarte o bandera); Jehová Shalom (mi paz); Jehová Jireh (Dios proveerá); y Jehová Justicia Nuestra. En el Nuevo Testamento, la palabra “Señor” se usa para referirse a Jesucristo, afirmando su divinidad y autoridad.
La paternidad de Dios y la relación personal con Él
La paternidad de Dios se menciona en Deuteronomio 32:6, donde se reconoce a Dios como padre y creador. Jesús enseñó a orar dirigiéndose al Padre, destacando la relación íntima que se puede tener con Él. Dios se compadece de quienes le temen, como un padre se compadece de sus hijos, según el Salmo 103:3, y el apóstol Pablo lo reafirma en 1 Corintios 8:6 y Efesios 3:14.
La necesidad de una relación personal con Dios
Aunque es importante conocer a Dios a través de la palabra, lo más esencial es desarrollar una relación personal con Él. La naturaleza humana caída tiende a hacer el mal, pero al acercarse a Dios se transforma y se hace lo bueno. Cada persona tiene una historia única y puede acercarse a Dios como su Padre. Se invita a que el Espíritu Santo revele quién es Dios para cada individuo, disipando dudas y sanando heridas del pasado.
Finalmente, se pide a Dios que sane el cuerpo, el alma y el espíritu, y que permita a cada persona acercarse a Él con confianza y paz. Se encomienda a cada uno al cuidado de Dios, en el nombre de Jesús, para que nada impida una relación cercana con el Padre eterno.

