Recibe el regalo que Dios quiere darte // Estamos Contigo

Recibe el regalo que Dios quiere darte // Estamos Contigo

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Un mensaje de esperanza en medio de un mundo que todo lo vende

El programa “Estamos Contigo” nace con el propósito de compartir lo que se recibe del Señor con alegría, gozo y cariño para todos aquellos que buscan a Dios. A través de Radio Solidaria y Solidaria TV se transmite un mensaje sencillo pero profundo: lo que Dios ofrece al ser humano no se compra ni se vende, sino que se recibe por gracia. En un tiempo donde tantas cosas parecen tener precio, el Evangelio recuerda que las bendiciones más importantes de la vida vienen como un regalo.

Vivimos en un mundo donde prácticamente todo se compra y se vende. Para comer, para tener un lugar donde vivir o para recibir atención médica es necesario pagar. Esto crea una realidad difícil para muchas personas que ni siquiera pueden cubrir sus necesidades básicas. A esta situación se suma la corrupción y el mercado negro, que han transformado muchos países en verdaderas “cuevas de ladrones”, donde se compran favores, puestos de trabajo y concesiones administrativas.

Sin embargo, cuando se observa la creación de Dios se descubre un contraste sorprendente. El aire que respiramos, la luz del sol que da vida a la tierra y la lluvia que riega los campos son regalos que Dios da gratuitamente a todos los seres humanos. Son elementos esenciales para la vida y no tienen precio, aunque en el mundo moderno incluso se intenta poner impuestos o tarifas a estas bendiciones.

El contraste entre el sistema del mundo y la gracia de Dios

La realidad actual muestra cómo incluso aspectos sensibles de la vida humana se han convertido en negocios. Se cobra por casi todo, incluso por cuestiones relacionadas con la muerte, como la eutanasia o los funerales. En muchos lugares el tema funerario se ha transformado en un negocio costoso y, para muchas familias, doloroso también desde el punto de vista económico.

Frente a esta lógica comercial aparece el mensaje del Evangelio, que presenta algo radicalmente diferente: lo más importante para el ser humano se recibe gratis. El perdón, la salvación, el amor de Dios y la paz interior no se compran con dinero ni con méritos humanos. Son dones que Dios entrega gratuitamente.

La Biblia explica esta verdad de forma clara en Romanos 6:19-23. Allí se enseña que la palabra “gracia” está relacionada con algo que se da gratuitamente. Dios no exige un pago humano para conceder su perdón, porque Él mismo ha provisto el pago a través de Jesucristo.

La paga del pecado y la dádiva de Dios

Las Escrituras enseñan que el ser humano tiene dos caminos delante de sí. Puede presentar su vida al pecado y a la injusticia, o puede entregarse a la justicia y a la santificación. Cuando una persona vive esclava del pecado, aparentemente tiene libertad, pero en realidad se aleja de la vida verdadera que Dios desea darle.

Romanos 6 declara una verdad contundente: “la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. El pecado produce un resultado inevitable, una consecuencia espiritual que la Biblia llama muerte. No se trata solo de la muerte física, sino de una separación eterna de Dios.

Pero frente a esa realidad aparece el regalo de Dios. La vida eterna no se gana ni se compra; es una dádiva. Dios ofrece perdón completo, restauración y una nueva vida a través de Jesucristo. Ese regalo incluye el pago total de la deuda del pecado que ningún ser humano podría pagar por sí mismo.

Para recibir esa dádiva no se exige dinero ni méritos, sino arrepentimiento sincero. La persona reconoce su pecado, pide perdón a Dios y acepta el sacrificio de Cristo como el pago por su culpa.

El peligro de rechazar el conocimiento de Dios

La Biblia advierte sobre las consecuencias de rechazar la verdad divina. En Oseas 4:6 se declara que el pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento. Cuando las personas desprecian la verdad de Dios, terminan alejándose de la vida que Él quiere darles.

El pecado no solo afecta a quien lo practica. Las consecuencias pueden extenderse a la familia y a las generaciones siguientes. La Escritura habla de cómo la maldad puede traer maldición y dolor que alcanza incluso a los hijos.

En la vida humana existe una ley espiritual que funciona de manera constante: lo que se siembra se cosecha. Quien siembra injusticia, violencia o mentira terminará experimentando las consecuencias de esas acciones. Muchas veces esas consecuencias se ven en esta misma vida, en cárceles, conflictos o sufrimientos personales.

El orgullo humano y la falta de entendimiento

Uno de los mayores obstáculos para recibir la verdad de Dios es el orgullo. La soberbia puede cegar a las personas hasta el punto de impedirles reconocer su necesidad espiritual. La mente se oscurece, la conciencia se endurece y muchos terminan viviendo como si el alma no existiera o como si nada sucediera después de la muerte.

Algunas personas confían únicamente en teorías humanas y rechazan la idea de un Dios creador o de una vida eterna. Sin embargo, la pregunta fundamental sigue siendo la misma: ¿quién puede pagar por los pecados del ser humano?

Ninguna religión ni sistema humano puede pagar esa deuda. Ninguna cantidad de dinero ni de buenas obras puede borrar la culpa del pecado. Por esa razón Jesucristo vino al mundo: para pagar lo que nadie más podía pagar.

Los sistemas religiosos y el intento de pagar por el pecado

A lo largo de la historia muchas religiones han tratado de resolver el problema del pecado mediante obras, castigos o sacrificios. Algunos sistemas religiosos incluso han aplicado leyes severas basadas en el principio de “ojo por ojo y diente por diente”.

En el Antiguo Testamento se establecieron sacrificios de animales que simbolizaban el pago por el pecado. Sin embargo, estos sacrificios debían repetirse continuamente porque no podían transformar el corazón humano.

El sacrificio de Jesucristo es diferente. Su entrega en la cruz no solo paga la deuda del pecado, sino que también produce una transformación interior en quienes creen en Él. El corazón humano puede ser renovado y recibir una vida completamente nueva.

El nuevo pacto de la gracia

La ley del Antiguo Testamento fue dada para frenar la maldad y mostrar al ser humano su necesidad de Dios, pero no podía salvar por sí misma. Jesucristo vino a establecer un nuevo pacto basado en la gracia.

Efesios 2:8-10 explica que la salvación es por gracia, mediante la fe, y no por obras para que nadie se gloríe. Esto significa que las buenas obras no son el medio para obtener la salvación, sino el resultado de haber recibido esa salvación.

Cuando una persona recibe la gracia de Dios, su vida cambia. Ya no vive tratando de ganar el favor de Dios mediante esfuerzos religiosos, sino que responde con gratitud y amor.

El peligro de volver a la religión legalista

A lo largo de la historia muchos creyentes han experimentado la gracia de Dios, pero después han caído en la tentación de volver a sistemas religiosos basados en reglas y obligaciones. El apóstol Pablo advierte sobre esto en Gálatas, llamando insensatos a quienes abandonan la gracia para regresar a la esclavitud de la ley.

La fe verdadera se expresa mediante el amor. En Cristo Jesús no tiene valor la circuncisión ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor. Intentar pagar por algo que Dios ofrece gratuitamente es una forma de rechazar su gracia.

Por eso el Evangelio advierte también contra enseñanzas que convierten la fe en un negocio o que prometen bendiciones a cambio de dinero. El amor de Dios no se compra ni se vende.

La decisión de dar gratuitamente

El ministerio que comparte este mensaje tomó una decisión importante: no convertir la ayuda espiritual y social en un negocio. Aunque muchas personas afirman que es imposible ayudar sin cobrar, se decidió confiar en Dios y seguir adelante sin exigir pago.

Esta decisión permitió que muchas personas necesitadas pudieran recibir ayuda sin sentirse excluidas por falta de dinero. Si se hubiera cobrado por cada servicio o atención, muchas puertas se habrían cerrado para aquellos que más lo necesitaban.

Dar gratuitamente es una expresión de fe. Significa confiar en que Dios provee y en que el amor verdadero no puede convertirse en una simple transacción económica.

La humildad como clave para recibir de Dios

Para recibir los dones de Dios es necesaria una actitud fundamental: la humildad. El orgullo humano impide reconocer la necesidad de Dios y aceptar su ayuda.

La Biblia enseña que el orgullo es la raíz de muchos pecados. Cuando una persona se humilla delante de Dios, abre la puerta para recibir su gracia, su perdón y su restauración.

Jesús enseñó que los frutos del Espíritu Santo —amor, gozo, paz— no se compran con dinero. Son regalos que Dios concede a quienes se acercan a Él con un corazón sincero.

Isaías 55 invita a todos a venir y recibir gratuitamente aquello que da verdadera vida. Dios llama a las personas a acercarse a Él sin dinero y sin precio.

Ejemplos bíblicos de fe y humildad

Los evangelios presentan varios ejemplos de personas que recibieron milagros de Jesús porque se acercaron a Él con humildad. Uno de ellos fue un leproso que se postró ante Jesús y le dijo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”.

Ese acto de humildad abrió la puerta al milagro. Jesús lo tocó y lo sanó instantáneamente.

También se relata la historia de un paralítico que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús lo sanó y le ordenó levantarse, tomar su lecho y caminar. A pesar de que el milagro ocurrió en día de reposo, demostraba que el amor de Dios está por encima de las tradiciones humanas.

El agua viva que Cristo ofrece

Jesús declaró en una ocasión que quien tuviera sed podía venir a Él y beber. Prometió que de su interior correrían ríos de agua viva, refiriéndose al Espíritu Santo que recibirían los que creyeran en Él.

Esta promesa significa que Dios puede llenar el vacío espiritual del ser humano. Muchas personas experimentan sed interior en forma de tristeza, soledad, enfermedad o desesperanza. Cristo invita a todos a acercarse a Él para recibir vida.

El Evangelio enseña también una ley espiritual sencilla: pedir. Jesús dijo en Mateo 7:7-11: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá”. Dios desea dar buenas cosas a quienes acuden a Él con fe.

La invitación final de Dios

El mensaje del Evangelio concluye con una invitación abierta. Dios ofrece gratuitamente el perdón, la salvación y la vida eterna a todo aquel que cree en Jesucristo.

Juan 3:16 resume esta verdad de forma clara: Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito para que todo aquel que en Él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna.

Cuando una persona recibe este regalo, el Espíritu Santo comienza a obrar en su interior como una fuente de vida que produce amor, gozo y paz. Esa es la verdadera felicidad que Dios desea para el ser humano.

La obra de Dios continúa hoy despertando conciencias y mostrando a las personas su necesidad espiritual. A través de la iglesia y de quienes anuncian el Evangelio, el mensaje de salvación sigue llegando a quienes buscan esperanza, perdón y una nueva vida en Cristo.

Miguel Díez Portada

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

Conocer aquí la biografía de Miguel Díez

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