Hechos, No Solo Palabras // Estamos Contigo
La importancia de vivir la verdad y actuar con gracia
Los seguidores de Cristo deben vivir la verdad y no solo confesarla o predicarla. El único libro de la Biblia que se puede seguir escribiendo es el libro de los Hechos de los Apóstoles, enfocado en la acción y los hechos, no solo en las palabras. En un mundo mediático donde todos hablan, los seguidores de Jesús deben ser canales de la gracia de Dios y servir a los demás de manera incondicional, ofreciendo consejería, alimentos, ropa, medicinas o alojamiento. La demagogia y el discurso vacío son problemas comunes en los medios, por lo que es importante buscar a quienes realmente viven la verdad a través de sus acciones. Los frutos de la vida de una persona son lo que realmente importan, y Jesús enseñó que por sus frutos se conoce a cada uno. La acción y los hechos manifiestan la naturaleza divina, y los creyentes deben ser manos, boca y pies de Cristo para servir y vivir la verdad.
La crítica a la demagogia y la necesidad de obras
Los seguidores de Cristo deben andar en las buenas obras que Dios preparó de antemano, permitiendo que el Espíritu Santo las realice a través de ellos. La misericordia, generosidad y compasión son canales de acción esenciales. Santiago 1:19-27 destaca la importancia de ser prudentes al hablar y evitar la ira, y de recibir la palabra de Dios con mansedumbre siendo hacedores y no solo oidores. La religión pura es visitar a huérfanos y viudas en sus tribulaciones y guardarse sin mancha del mundo. Saber callar y hablar poco con sabiduría es vital, y se critica a los teóricos religiosos que predican pero no aplican la palabra, engañándose a sí mismos y dando mal testimonio.
La hipocresía y el engaño a uno mismo
Decir «amén» sin reflexión puede ser una forma de engañarse a sí mismo. La hipocresía ocurre cuando se dice algo sin cumplirlo, como en la parábola de los dos hijos o en la negación de Pedro. La verdadera obediencia requiere escuchar, analizar y obedecer, convirtiéndose en hacedor y no solo oidor, lo que trae bendición y bienestar.
El juicio final y la separación de ovejas y cabras
En el juicio final, el Señor separará a las ovejas de las cabras según Mateo 25:31-46. Las ovejas recibirán el reino por ayudar a los necesitados, mientras que las cabras serán condenadas por no atenderlos. Ayudar a los hambrientos, sedientos, forasteros, enfermos y presos demuestra verdadera fe y compasión, corroborando lo que Santiago dice sobre la religión verdadera.
La misericordia, la compasión y la transformación personal
La misericordia, generosidad y auxilio a otros son esenciales, incluyendo acciones para prevenir el maltrato infantil o el aborto. Orar y guiar a quienes sufren refleja la diferencia entre cabras rebeldes y ovejas dóciles. Dios puede transformar a una cabra en oveja mediante libre albedrío, guiando con dignidad, nobleza y honradez hacia su naturaleza divina. Seguir a Dios permite recibir transformación y guía espiritual.
La hipocresía y la naturaleza rebelde de las cabras
El comportamiento ruidoso y contradictorio de algunas personas revela hipocresía y falta de autenticidad. Algunas personas son comparadas con cabras por su rebeldía y resistencia a cambiar su naturaleza. La oscuridad y la hipocresía impiden que brillen con la luz de Cristo y sean ejemplo en la sociedad, resultado de un corazón egoísta.
La transformación de cabras en corderos y la luz de Cristo
La gracia de Dios permite transformar cabras en corderos, volviéndolos mansos, humildes y sencillos, como se describe en Mateo 5:14-16. La glorificación del Padre se logra siendo luminares en su misión, en obediencia a Cristo. La luz de Dios no nos pertenece, pero podemos ser lámparas y mensajeros del amor perfecto manifestado por Cristo.
La oscuridad del anticristo y la necesidad de renovación
El poder de Satanás se manifiesta en la masonería, adorando al macho cabrío terrible. Los creyentes deben ser despertados por el Espíritu Santo para recibir renovación y salud espiritual, manteniendo el corazón circuncidado como templo del Espíritu.
La fe sin obras es muerta
La fe implica aceptar la unción de Cristo y actuar. Santiago 2:14-22 enseña que la fe sin obras no salva. Dar palabras de consuelo sin acción no tiene valor. Abraham fue justificado por sus obras, mostrando que la fe se confirma mediante la acción. La verdadera vida en Cristo se basa en experiencia, vivencia y comunión, no solo en creencias. La fe sin amor es inútil, y debe confirmarse con obras, siguiendo el principio «Sola Fide operandi por el amor».
La identificación de los verdaderos creyentes por sus frutos
Mateo 7:15-20 enseña que los verdaderos seguidores se reconocen por sus frutos. La fe viva no es intelectual, religiosa ni sentimental, sino que se confirma mediante obras y amor. Los árboles se conocen por sus frutos; aquellos que no dan buen fruto serán cortados y echados al fuego.
El símbolo de la viña y la paciencia de Dios
La viña y el manzano ilustran la paciencia de Dios: el manzano da fruto una vez al año y no se corta, esperando el momento adecuado. La viña requiere cuidado, poda y abono hasta que produzca frutos, permitiendo reconocerla por hojas y flores antes de ver sus frutos. Isaías 5 resalta la paciencia de Dios con los que no producen frutos buenos.
Los frutos de la viña y la manzana como símbolos bíblicos
El pasaje «por sus frutos los conoceréis» resalta la importancia de los frutos para identificar a un árbol o persona. La manzana simboliza un fruto sano y se hace referencia a Apple como juego de palabras con tentación. Los frutos del Espíritu Santo se evidencian a través de ejemplos bíblicos como la viña, el olivo y la higuera.
Los frutos del Espíritu Santo y la divinización
La higuera tiene dos cosechas distintas, representando los frutos del Espíritu Santo: amor, gozo, paz, paciencia, bondad, fe, mansedumbre y templanza (Gálatas 5:22-23). Estos frutos manifiestan la divinidad en la persona y distinguen a quienes tienen verdadero amor a Dios y al prójimo. Muchos cristianos siguen líderes sin frutos divinos, limitándose a humanismo intelectual o sentimental, sin alcanzar la divinización que Dios desea (1 Juan 3:16-19).
La parábola del buen samaritano y su impacto
La verdadera fe se demuestra por hechos y frutos, no solo palabras (1 Juan 3:16-19). La parábola del buen samaritano enseña que el amor y la compasión hacia los demás son expresión del amor de Dios. Mientras sacerdote y levita pasan de largo, el samaritano ayuda al herido, curando sus heridas y llevándolo a un mesón. Este ejemplo inspira la creación de mesones del buen samaritano en 72 países, ayudando a quienes sufren por el pecado y la vida.
La llamada a elegir ser ovejas y el cierre con oración
Se invita a decidir ser ovejas, siguiendo el ejemplo del buen samaritano. Se ora para pedir ayuda a Dios para permanecer fieles a su llamado y a su palabra, inspirando a otros a elegir ser ovejas en su rebaño. Se agradece a Dios por la oportunidad de reflexionar y se despide a los espectadores con un sentimiento de acompañamiento: Estamos contigo.

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

