Requisitos para ser un Soldado de Cristo . Miguel Díez
El Llamado a Ser Discípulos y Obreros
Jesucristo no busca simples creyentes, sino discípulos comprometidos que trabajen como obreros en su Reino. Se presenta una visión de un ejército espiritual que sirve con entrega total. El Ministerio Remar es descrito como una obra imparable que Dios no detiene, sino que fortalece. Para participar de los frutos del Reino es necesario trabajar primero, especialmente para aquellos que llegan con hábitos dañinos y deben aprender una nueva vida basada en esfuerzo, valentía y siembra de la buena semilla de Cristo. La fortaleza proviene de su gracia y no de las fuerzas humanas.
Idoneidad, Fidelidad y Sufrimiento del Soldado de Cristo
Segunda de Timoteo capítulo dos subraya la importancia de esforzarse en la gracia, ser fiel, obediente e idóneo para enseñar. Quienes enseñan deben vivir lo que predican, porque Jesús ordenó hacer discípulos instruyendo lo que Él enseñó. El creyente debe estar dispuesto a sufrir penalidades como buen soldado, consciente de la guerra espiritual que se libra en el mundo. Los soldados de Cristo luchan con oración, palabra profética y valentía, mientras evitan enredarse en los negocios de la vida, pues los negocios del Reino no son personales y el dinero es solo un instrumento, nunca un fin.
El Valor del Sufrimiento y la Nobleza Espiritual
El sufrimiento del siervo de Dios es visto como algo normal y bendito, pues así como Pablo soportó prisiones y dificultades, el soldado de Cristo soporta todo por amor a los escogidos. La muerte de los santos es considerada gloria, pues morir en Cristo es vivir. Los sufrimientos del discípulo son tesoros en el cielo y forman guerreros de honor. La verdadera nobleza proviene de Cristo, que convierte al creyente en príncipe, sacerdote e hijo de Dios. Los soldados auténticos son íntegros, insobornables y justos, siguiendo ejemplos como el de Juan Bautista, quien enseñaba a no aceptar sobornos.
El Deseo del Justo y la Santidad Necesaria
El justo desea solamente el bien. Cuando los justos gobiernan, el pueblo se alegra, y se invita a no cansarse de hacer el bien, dejando fuera cualquier rencor o intención de revancha. La Palabra del Señor es el alimento y deleite del justo. Para subir al monte de Yahvé es necesario ser puro de manos y corazón, sin engaño. El Señor llama a vivir en santidad, pues sin ella nadie verá a Dios. Su gracia es suficiente para transformar y capacitar al creyente a vivir cada día como discípulo santo, transparente y sin engaño, con la certeza de que todos sus pecados han sido perdonados.
Bautismos, Fuego y Guerra Espiritual
Dios hace a sus ministros llamas de fuego. Se mencionan los tres bautismos bíblicos: agua, Espíritu Santo y fuego. El de agua representa arrepentimiento y muerte al ego; el del Espíritu Santo otorga poder desde lo alto; y el de fuego purifica y capacita para la batalla espiritual. Este fuego consume la carne, la religiosidad vana y todo lo que impide servir. Así como un soldado enfrenta su primera batalla, el creyente debe recibir su bautismo de fuego para estar preparado contra las huestes malignas, sabiendo que Dios ama a sus hijos con el mismo amor con que ama a Jesús.
Poder del Espíritu Santo y Amor que Conquista
Es peligroso enfrentar misiones espirituales sin el bautismo auténtico del Espíritu Santo, pues es Él quien da poder para vencer al maligno. La guerra espiritual es descrita como un choque de dos fuegos: el de Dios y el que imita Satanás. El creyente expresa estar enamorado de Cristo, conquistado por Yahvé como Jeremías, cuyo corazón ardía con un fuego que no podía contener. El Señor busca corazones ardientes, no intelectuales llenos de conocimiento vacío. El amor es la fuerza que vence al mundo, incluso al enemigo, y Cristo mismo vino a transformar enemigos de Dios en amigos suyos.
Sacrificio, Voluntad y Servicio a Cristo
Los santos son llamados a ofrecer su cuerpo en sacrificio vivo y diario, como culto racional. Mientras muchos sacrifican su vida al pecado, los discípulos deben sacrificarla a Dios como aroma agradable. Se pide a Dios quemar toda carnalidad y purificar pensamientos y sentimientos. El deseo central es hacer la voluntad de Dios, reconociendo que hemos sido comprados con su sangre. Por eso el discípulo dice: “Envíame donde quieras”. Jesús enseñó que quien le sirve estará donde Él esté; por eso quien no sirve ni se consagra en esta vida no puede esperar servirle en la eternidad.
Amigos de Cristo y Llenos del Espíritu Santo
Los siervos verdaderos son amigos de Cristo porque hacen su voluntad. Para recibir el Espíritu Santo es necesario arrepentirse y ordenarse, dejando todo pecado. La regla de oro es pedir, buscar y llamar, confiando en que Dios dará el Espíritu Santo a quien lo pide. Como en Hechos, se invita a recibir el Espíritu Santo con fe, levantar manos, clamar y dejar que el Señor dé nuevas lenguas y poder espiritual. El deseo final es que el Espíritu Santo brote como ríos de agua viva y que los corazones sean llenos del aceite divino para servir y honrar a Cristo en el poder de su Espíritu.

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

