Examina tu vida

Examina tu vida – Charles Spurgeon

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La figura de Dios y su compasión

Dios se presenta en las Escrituras como un ser lleno de amor y compasión. Jeremías habla de Él como alguien que inclina su oído desde lo más alto del cielo para escuchar al más débil. Dios no quiso destruir Sodoma y Gomorra sin antes conocer la condición de esas ciudades, lo que revela su justicia y misericordia. Él presta atención a los detalles de la vida humana, cuenta los cabellos de la cabeza, ordena los caminos y envía ángeles para proteger. La Biblia lo describe como un Padre que corre al encuentro del hijo pródigo, mostrando ternura hacia el pecador arrepentido. Dios escucha los clamores y oraciones, incluso cuando parecen desvanecerse en el aire, y recuerda los suspiros del alma. Los ojos de Jesucristo están sobre aquellos que lo buscan, pues ven al corazón humano y lo conocen desde la distancia.

La importancia de examinarse a sí mismo

Cada persona debe hacerse la pregunta “¿qué he hecho?” y examinar su vida con sinceridad. La mayoría prefiere no mirar sus errores, como el avestruz que esconde la cabeza en la arena. Se nos invita a abrir el libro de nuestra vida y leerlo, aunque sus páginas estén llenas de manchas, permitiendo que el Espíritu Santo obre en nosotros. Revisar la vida no hace daño, al contrario, permite corregir lo que está mal antes de que sea demasiado tarde. Muchos se engañan pensando que están bien cuando en realidad viven como sepulcros blanqueados, hermosos por fuera, pero corruptos por dentro. La oración honesta debería ser: “Señor, ayúdame a conocer lo peor de mi propio caso”. La muerte no aceptará excusas y Dios juzgará con justicia. Si Cristo no es el Salvador personal, se será hallado falto.

La necesidad de arrepentimiento y fe

No basta con pertenecer a una iglesia o haber sido bautizado, pues incluso entre los discípulos de Jesús hubo un hipócrita. La religión exterior no garantiza la salvación. Lo esencial es tener a Cristo como fundamento. Muchas personas posponen su encuentro con Dios pensando que hay tiempo, pero la muerte puede estar más cerca de lo que se imagina. El verdadero creyente sabe que Jesús ya hizo todo para salvar, pero también debe preguntarse qué ha hecho por Él y por su obra. La esterilidad espiritual es una afrenta, pues cada cristiano está llamado a dar fruto y ser instrumento de salvación para otros.
Las buenas obras no tienen mérito para ganar el cielo, pues la justificación solo viene de Cristo.Confiar en obras es como construir sobre arena: tarde o temprano será arrasado.

La responsabilidad personal y el juicio

Reconocer los pecados tal como son es esencial: no se trata de simples descuidos, sino de faltas reales delante de Dios. La conciencia despierta revela la gravedad de los pecados, desde las palabras profanas hasta la indiferencia hacia la oración. Cada pecado será traído a la luz en el día del juicio final. Un solo pecado basta para condenar eternamente si no se recibe el perdón de Cristo. Los padres tienen una gran responsabilidad respecto a sus hijos, no solo en lo material sino en lo espiritual. Descuidar sus almas es una culpa seria. Nuestra influencia puede arrastrar a otros al mal camino y ser causa de una doble condenación.

La influencia en otros y la responsabilidad

Quien induce a otros al pecado cargará con su propia culpa y también con el peso de los que llevó al error. Se menciona el caso de jóvenes desviados por malas compañías, lo que sirve como advertencia sobre la responsabilidad de guiar correctamente. Dios llama a arrepentirse y a reparar el daño, buscando ganar para Cristo a aquellos a quienes se pudo haber hecho tropezar. No conocer a Dios ni atender a su llamado es más grave que la desobediencia de un animal, pues hasta el buey conoce a su dueño, pero el hombre muchas veces no reconoce al Creador.

La oración y la confesión

La oración sincera comienza con la confesión de pecados y el clamor por misericordia.
El pecador se acerca a Dios confiando en la sangre de Cristo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. El que confiesa y pide perdón con fe es aceptado como hijo de Dios y nunca será desechado.
La vida es breve y los años pasan rápidamente, por lo que es urgente contar los días con sabiduría y vivir preparados.

La urgencia de la salvación

El tiempo de gracia es limitado. Mientras hay vida, hay esperanza, pero después de la muerte ya no habrá oportunidad de arrepentimiento. El juicio final traerá terror para quienes rechazaron a Cristo, pues el libro será abierto y cada uno dará cuenta de lo que hizo. El infierno es descrito como un lugar de oscuridad y desesperación, donde ya no existe posibilidad de cambio. Por eso es vital responder ahora a la pregunta “¿qué he hecho?” y buscar al Salvador mientras puede ser hallado.

La conclusión y el llamado a la acción

Dios advierte con amor y paciencia, pero el hombre no debe despreciar su llamado. Se invita a correr a Jesús, confiar plenamente en Él y ser salvos de la condenación eterna. Rechazar este mensaje no es rechazar al predicador, sino al mismo Cristo, que será juez en el día final. La oración final pide que el Señor nos libre de la condenación por medio de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.

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