No pierdes el llamado de Dios para tu vida // Miguel Díez

No pierdes el llamado de Dios para tu vida // Miguel Díez

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La comisión de Cristo y la importancia de hacer discípulos

El plan de Cristo para sus seguidores es predicar el evangelio a toda criatura y hacer discípulos en todas las naciones. Esta misión no es opcional, sino fundamental para que el ministerio pueda crecer y expandirse más allá de fronteras, tocando vidas en diferentes culturas y contextos. Hacer discípulos implica enseñarles a vivir según las enseñanzas de Jesús y guiarlos para que se comprometan con su fe de manera profunda. Sin discípulos comprometidos, un ministerio no puede sostenerse ni multiplicarse, sin importar su tamaño inicial. Jesús busca seguidores entregados que sean obreros activos en su obra, porque la fe superficial no produce transformación ni frutos duraderos. Dios desea que los creyentes se conviertan en discípulos, y esto a veces requiere disciplina y guía firme para que comprendan la seriedad de su llamado y actúen con responsabilidad y dedicación.

La justicia distributiva y la necesidad de compartir

La justicia distributiva consiste en dar a cada persona conforme a su necesidad, evitando la codicia y la acumulación de bienes que priva a otros de lo que necesitan para vivir dignamente. Esta enseñanza busca que los discípulos desarrollen un corazón generoso y solidario, compartiendo lo que tienen con quienes carecen de lo esencial. La Biblia enseña que los bienes de los discípulos no son solo para ellos, sino para servir y sostener a los demás. La palabra de Dios debe penetrar en el corazón de los creyentes para que comprendan que tener más de lo necesario sin compartir es injusticia. Esta justicia no solo se refiere a lo material, sino también al uso del tiempo, los talentos y el amor, que deben ser puestos al servicio de la comunidad y del prójimo.

El llamado a seguir a Cristo y la decisión de los jóvenes

Seguir a Cristo implica dejar atrás seguridades y lazos familiares, especialmente para los jóvenes, que enfrentan la presión de sus familias y la sociedad. Sin embargo, el plan de Dios es que cada persona lo sirva de todo corazón, sin reservas ni intereses personales. La verdadera motivación no debe ser la prosperidad, la fama o el éxito material, sino la dedicación a Cristo como buen patrón que provee todo lo necesario a quienes lo siguen fielmente. Esta decisión requiere valentía, fe y un compromiso diario de poner a Dios como prioridad absoluta, confiando en que su provisión y cuidado son suficientes.

Los pasos en la voluntad de Dios y la llamada de Jesús

Cristo establece un camino con cuatro pasos que los discípulos deben seguir según su voluntad. El primero es responder al llamado de Dios, el cual se manifiesta cada vez que se predica la palabra genuina. La historia bíblica muestra cómo Jesús llamó a Simón, Andrés, Jacobo y Juan, quienes dejaron sus redes y sus vidas ordinarias para seguirlo. Esta llamada no es exclusiva de unos pocos; todos están invitados a responder. El Espíritu Santo guía y agrega a quienes se disponen a seguir a Cristo, asegurando que los discípulos sean formados y sostenidos en su fe. Cada paso requiere disposición, obediencia y confianza en que Dios dirige el camino.

La locura de amor de Dios y la entrega total

El amor de Dios se revela de manera extrema en la entrega de Jesucristo, quien se hizo hombre y dio su vida por la salvación de la humanidad. Esta locura de amor es un modelo que invita a los discípulos a actuar con entrega total, dejando atrás intereses personales y comodidades. Muchos oyen el llamado de Dios durante años, pero no responden, postergando su compromiso; la verdadera entrega a Dios implica actuar sin demora, confiando en que su voluntad es perfecta. La experiencia de darlo todo por Cristo libera, transforma y permite iniciar ministerios que impactan vidas y comunidades enteras. La locura de amor de Dios crece cada día y debe reflejarse en la dedicación constante hacia los demás, amando y sirviendo como Jesús lo hizo.

La justicia de Dios y el juicio sobre el mundo

Dios actúa en el mundo para llamar a la humanidad al arrepentimiento y corregir la maldad, mostrando tanto su justicia como su misericordia. A través de las consecuencias de la perversión y el pecado, los pueblos son confrontados con la necesidad de volver al Creador. Dios desea que las personas sean colaboradores en su obra, sirviendo como instrumentos de su bondad, amor y provisión, especialmente hacia los más necesitados y vulnerables. La justicia de Dios no solo corrige, sino que también abre la puerta a la reconciliación y al perdón, invitando a los hombres a participar activamente en la construcción de un mundo más justo y conforme a su voluntad.

La gloria de Dios y la visión de Isaías

La visión de Isaías describe la majestuosidad y santidad de Dios, sentado sobre un trono alto, rodeado de serafines que proclaman “Santo, Santo, Santo”. Esta experiencia revela la grandeza de Dios y provoca en los seres humanos un reconocimiento profundo de su propia imperfección. Los milagros y maravillas observados en la historia, como la curación de enfermos o la rehabilitación de adictos, son evidencia del poder y la gloria de Dios en acción. La creación misma refleja su genialidad, y la observación de la naturaleza permite percibir su presencia y cuidado. La visión de la gloria divina impacta profundamente, llevando al quebrantamiento espiritual y a la necesidad de purificación para acercarse a Él.

La purificación y la necesidad de ser enviados como embajadores

La purificación simbolizada con un carbón encendido representa el perdón y la limpieza del pecado, transformando el corazón y la mente de los discípulos. La circuncisión del corazón libera del ego y la concupiscencia, enseñando a odiar el pecado y amar a Dios plenamente. La purificación de la boca evita que las palabras causen daño, permitiendo que los discípulos hablen con justicia y amor. Solo estando limpios es posible ser enviados como embajadores de Cristo, llevando su mensaje de verdad y amor a otros, impactando vidas y comunidades con integridad y santidad.

El plan de Dios para la humanidad y la corrupción de la iglesia

El propósito de Dios es que la humanidad refleje su imagen y semejanza, y Cristo vino a cumplir este plan. Sin embargo, quienes no buscan crecer en semejanza a Cristo se alejan hacia la influencia de Satanás. La iglesia, en ocasiones, se ha centrado en el poder, la riqueza y las multitudes, descuidando la esencia del discipulado. Solo un remanente de discípulos fieles permanece comprometido a la entrega total. La verdadera iglesia no se mide por lujos, diezmos o fama, sino por la dedicación a la voluntad de Cristo y la proclamación de la verdad, incluso frente a persecuciones o dificultades.

La importancia de dar y pedir en el discipulado

Dar y pedir son actos fundamentales de humildad y obediencia en el discipulado. Diezmar y ofrendar con generosidad refleja un compromiso con causas nobles y con la obra de Dios. La generosidad abre puertas para recibir bendiciones espirituales y materiales, y la justicia de Dios no requiere protección humana: Él ve y recompensa a quienes cumplen con su ministerio con integridad. La práctica del dar y recibir fortalece la relación con Dios, enseña dependencia de Él y asegura que los discípulos sean instrumentos de su obra en el mundo.

La justicia divina y el ministerio misionero

La justicia de Dios se evidencia en la historia y en la acción sobre la sociedad, llamando a la humanidad al arrepentimiento y ofreciendo oportunidades de redención. La iglesia debe despertar y asumir la misión de evangelizar, incluso en contextos difíciles como cárceles o regiones afectadas por violencia y opresión. Los misioneros desempeñan un papel crucial en la expansión del evangelio, llevando esperanza y transformación a vidas que de otra manera quedarían perdidas. Cumplir con la misión de evangelizar es un acto de obediencia que asegura la continuidad y el impacto del ministerio.

La evangelización en contextos críticos y la necesidad de misioneros

La evangelización requiere valentía y compromiso, especialmente en países donde el cristianismo enfrenta obstáculos culturales, políticos o religiosos. Los misioneros llevan alimentos, enseñanza y apoyo espiritual, cumpliendo la misión de Dios en lugares donde otros no llegan. Enviar misioneros es vital para que la iglesia permanezca viva y activa, llevando el mensaje de Cristo como una fuerza transformadora en la sociedad. Quienes participan en la misión de enviar y formar misioneros garantizan que el evangelio se multiplique y alcance a los más necesitados, cumpliendo así la comisión de Cristo.

La diferencia entre creyentes y discípulos

No todos los que siguen a Cristo son verdaderos discípulos. Los creyentes pueden cumplir con prácticas religiosas y rituales, pero los discípulos se comprometen a transformar vidas, obedecer a Cristo y seguir su ejemplo de amor y servicio. Jesús tenía compasión de las multitudes porque estaban desamparadas y necesitaban guía, mostrando que la verdadera enseñanza y el discipulado son esenciales para producir cambio real. La ley por sí sola no salva; solo el Vino Nuevo de Cristo da alegría, propósito y vida transformadora a quienes lo siguen con compromiso y fe.

La oración final y la entrega a Dios

La oración final destaca la importancia de pedir a Dios que envíe obreros a su mies, valorando el papel de aquellos que trabajan activamente en su obra. Ser discípulo implica entregar la vida a Cristo, aceptar su voluntad y reconocerlo como propietario del cuerpo, alma y espíritu. Vivir cada día diciendo “hágase tu voluntad” fortalece la fe, la confianza y la entrega total a Dios. La oración pide protección, guía y llenura del amor divino, para que los discípulos puedan bendecir a otros y cumplir con la misión de transformar vidas, asegurando que el reino de Dios se manifieste plenamente en la tierra.

Miguel Díez Portada

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

Conocer aquí la biografía de Miguel Díez

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