Hay que priorizar el tiempo que nos queda // Miguel Díez

Hay que priorizar el tiempo que nos queda // Miguel Díez

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Prioridad de lo necesario sobre lo conveniente

La vida del ser humano enfrenta el desafío de mejorar y rentabilizar el tiempo vital que nos queda, especialmente considerando que el tiempo es corto y valioso. Es fundamental buscar estrategias para aprovechar mejor nuestra vida, considerando los talentos y recursos que Dios nos ha concedido, priorizando lo verdaderamente necesario y no solo lo bueno. Lo necesario no se limita a necesidades humanas como dinero, trabajo, salud o matrimonio, sino a lo divino, lo imprescindible para la salvación. Ser como la iglesia de Laodicea, que se cree rica y no tiene necesidad, es reprochado por Dios; es mejor ser frío o caliente que tibio. Lo prioritario es lo indispensable, no lo accesorio o conveniente, como vacaciones que pueden ser buenas, pero no esenciales para llegar al cielo.

La importancia de no confundir necesidad y conveniencia

No se debe confundir lo necesario con lo conveniente ni dejar que el corazón egoísta decida qué es esencial. La guía de Dios y su palabra deben ser nuestra referencia, como se menciona en Hebreos 12:1-4. Cada persona está rodeada de una gran nube de testigos que observan nuestras acciones, lo que debe motivarnos a priorizar nuestro tiempo y despojarnos de todo peso y pecado.

La necesidad de ser diligente y no descuidar la salvación

Debemos correr la carrera de la fe con paciencia, poniendo los ojos en Jesús, ejemplo de perseverancia y obediencia. Es vital no menospreciar la disciplina del Señor ni desmayar cuando somos reprendidos por Él. La diligencia implica atender con rapidez a lo que hemos escuchado, no retrasar lo que se puede hacer hoy y no descuidar la salvación ofrecida. La obediencia constante mejora nuestra vida espiritual y nos permite rendir más para Dios, como los atletas que superan sus propios récords.

El amor, el sufrimiento y la capacidad del corazón

El amor es sufrido, y cada persona puesta en nuestra vida puede generar sufrimiento, dificultades o enfermedades, aumentando la capacidad del corazón para amar y soportar. El corazón de Cristo no tiene límites para amar ni para sufrir, y debemos aprender a expandir nuestra capacidad para amar como Él.

La necesidad de no ser complaciente y seguir mejorando

No debemos desanimarnos ni conformarnos con nuestro nivel actual de esfuerzo; Dios nos llama a seguir adelante y mejorar constantemente. La vida espiritual es dinámica y requiere progreso continuo, como un avión que no puede permanecer estacionario.

La expansión del corazón y la importancia de la oración

El corazón se ensancha y se vuelve más rentable para Cristo cuando se entusiasma por crecer, al igual que los músculos que se ejercitan. Dios desea que nuestro corazón se expanda, buscando lo necesario para avanzar y mejorar. La oración y la comunión con Dios son fundamentales y absolutamente necesarias; sin ellas, nada positivo puede realizarse. María escogió la buena parte al estar a los pies de Jesús, demostrando humildad, consagración y comunión con Dios, aspectos indispensables para la vida espiritual. La comunión con Cristo requiere humildad y oración, siendo el Espíritu Santo quien obra a través de nosotros.

La necesidad de perseverar en la oración

La parábola de la viuda persistente enseña la importancia de orar continuamente y con fervor, confiando en que Dios hará justicia a quienes claman a Él. La oración debe ser apasionada, centrada en Cristo y sin buscar protagonismo personal.

La humildad como virtud fundamental

La verdadera sierva de Dios se encuentra a los pies de Jesús y permite que Él crezca mientras ella mengua. La humildad es la madre de todas las virtudes y requiere tiempo y dedicación para desarrollarse. Dios da gracia al humilde y resiste al soberbio, por lo que es necesario priorizar la humildad, decir no al egoísmo, al dinero y a la vanagloria. Ser humilde implica tomar la cruz cada día y seguir a Jesús mediante decisiones diarias constantes.

La prioridad de evangelizar y obedecer a Dios

Evangelizar y proclamar el nombre de Cristo es una necesidad urgente, incluso ante la oposición. Obedecer a Dios debe estar por encima de cualquier relación humana o sentimental. Algunos pastores pueden ser débiles frente a la familia, pero es vital que el Espíritu Santo guíe la obediencia, recordando que seguir a Cristo puede implicar renunciar a vínculos familiares. La historia de Job muestra que mantener la fe frente a pruebas y decisiones difíciles es esencial.

El rol de las mujeres y la necesidad de evangelizar

Las mujeres tienen un papel diplomático importante en las relaciones públicas y en la difusión del Reino de Dios, siendo beneficioso formar un ejército de mujeres que trabajen en estos ámbitos. Los hombres deben honrar a sus mujeres, pero priorizando siempre a Dios. La gran comisión exige predicar el evangelio a todos, comenzando por familiares y prójimos, y evangelizar es un mandato que no se puede ignorar.

La responsabilidad en el ministerio y la urgencia de la obra

Cada persona tiene su responsabilidad en la obra de Dios y no debe delegar tareas que le competen. La participación en programas, campañas o vigilias es vital, independientemente del cansancio, y no se debe asumir que otros lo harán en nuestro lugar.

La necesidad de salvar almas y el celo santo

Salvar almas es una responsabilidad impuesta por el Espíritu Santo y debe hacerse con pasión y constancia. La jubilación no aplica en la obra de Dios; el trabajo espiritual es continuo hasta el final de la vida.

La entrada de Cristo en la vida y la lucha contra el diablo

Dios busca oportunidades para entrar en la vida de las personas y salvarlas, como la historia de Zaqueo demuestra. Es urgente permitir que Cristo entre en nuestros hogares y corazones, evitando que el diablo destruya vidas y familias.

La profecía del evangelio y el problema de los creyentes superficiales

El evangelio debe ser predicado en todo el mundo antes del fin, enviando misioneros para alcanzar territorios no alcanzados. Sin embargo, muchos creyentes solo asisten a la iglesia y no trabajan activamente para Cristo, mostrando superficialidad en la fe.

El juicio divino y la responsabilidad espiritual

El infierno se llenará de creyentes que no respetan el poder de Dios. Él pesa nuestro corazón para evaluar si está lleno de lo divino o de lo mundano. Los pastores deben cuidar que los creyentes no se vuelvan pasivos ni sean un tropiezo para la comunidad, y cada persona debe trabajar activamente para Cristo.

La necesidad de hacer discípulos y el nacimiento espiritual

Jesús busca discípulos perseverantes, no creyentes discontinuos. Hacer discípulos no se trata solo de enseñar teoría, sino de cultivar relaciones profundas con Dios y trabajar activamente para Él. Nicodemo representa al hombre que reconoce la necesidad de nacer de nuevo, morir al mundo y vivir para Cristo para entrar en el reino de Dios.

El proceso de morir al mundo y vivir para Cristo

Nacer de nuevo y morir al mundo es un proceso continuo de transformación. Negarse a sí mismo cada día y permitir que Cristo viva en nosotros produce un cambio radical que afecta nuestras relaciones y nuestro servicio a los demás.

El amor a Cristo y la entrega total

El objetivo es enamorarse de Cristo y vivir guiados únicamente por la voluntad de Dios. Estar lleno del Espíritu Santo permite una vida completa, evitando un corazón dividido entre Dios, familia, iglesia y egoísmo personal. Amar a Cristo con todo el corazón requiere despojarse de otros afectos, renunciar y humillarse completamente.

La santidad como requisito para ver a Dios

Para vivir en santidad, debemos permitir que Cristo nos gobierne y aceptar que somos su propiedad. La santidad no se logra por esfuerzo propio, sino a través del arrepentimiento continuo y la acción de Dios. Vivir en santidad es esencial para ejercer el ministerio y ser verdaderos adoradores que honran a Dios en espíritu y verdad.

La fe, la paciencia y el discipulado

La fe en Dios genera confianza en que Él cumplirá su propósito. La paciencia es clave para recibir sus promesas y perseverar en el discipulado, agradando a Dios y desarrollando un carácter semejante al suyo.

Priorizar la voluntad de Dios sobre ambiciones personales

Es vital priorizar lo necesario según la voluntad de Dios y no dejar que el deseo de perfección o ganancias materiales obstaculice el servicio a Él. Dios busca hijos que vivan por fe y sirvan con amor, no trabajadores asalariados.

Conclusión: Gratitud y compromiso con Dios

El tiempo debe aprovecharse para hacer lo necesario y satisfacer la voluntad de Dios, dejando lo accesorio de lado. Se busca que Dios viva en cada persona, mostrando santidad y carácter divino en el mundo. La vida de fe se cierra con gratitud y alabanza a Jesús y al Padre, reconociendo su guía y misericordia.

Miguel Díez Portada

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

Conocer aquí la biografía de Miguel Díez

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