Predicación Mikel Díez | Retiro Nehemías 2026
Las consecuencias de nuestras decisiones
Los seres humanos están sujetos a cambios inevitables relacionados con el tiempo, la edad y el cuerpo. Sin embargo, esos cambios pueden convertirse en bendición o en maldición dependiendo de las decisiones que cada persona tome. El crecimiento personal requiere aprender a realizar cambios positivos y evitar aquellos que son consecuencia de malas decisiones.
Oseas 4:6 advierte sobre las consecuencias de la falta de conocimiento y del rechazo a la ley de Dios. La ignorancia espiritual puede dar ventaja al mal y llegar a destruir vidas. A lo largo de la historia, incluso grandes imperios y civilizaciones han experimentado procesos de caída relacionados con el envanecimiento, el orgullo y el alejamiento de Dios.
La necesidad de seguir la dirección de Dios
Entregarse al Señor trae bendición, prosperidad, familia y ministerio, pero esto no significa que desaparezcan los problemas. Incluso quienes sirven a Dios necesitan buscar constantemente su sabiduría y su gracia para saber cómo actuar ante las diferentes circunstancias.
Ezequiel 5:6 señala que la impiedad aparece cuando las personas desechan los decretos y mandamientos de Dios para seguir sus propios pensamientos. Cuando se toman decisiones equivocadas y se cambia de rumbo sin tener en cuenta la voluntad divina, existe el riesgo de caer en el pecado y en la desgracia.
Por eso es necesario alinear la vida con el rumbo marcado por Jesús. No siempre el camino que Dios señala será el más cómodo, pero seguir su dirección permite avanzar de acuerdo con su voluntad.
El peligro de elegir caminos aparentemente correctos
Las influencias externas pueden presentar caminos que parecen más agradables, cálidos o apetecibles. Sin embargo, aquello que parece correcto ante los ojos humanos puede terminar conduciendo al pecado, la impiedad o incluso la muerte.
Proverbios 14:12 recuerda que hay caminos que al hombre le parecen correctos, pero cuyo final es camino de muerte. Por esta razón, las decisiones importantes deben ser consultadas con hermanos mayores o con siervos de Dios que busquen verdaderamente el bienestar y la bendición de la persona.
Los cambios que se producen en la vida no son necesariamente buenos o malos por sí mismos. Es necesario discernir de dónde proceden y comprobar que el rumbo que se toma corresponde a lo que Dios quiere.
Dios hace cosas nuevas
Isaías 43:18-19 llama a no centrarse en el pasado porque Dios hace cosas nuevas, abre caminos en el desierto y hace ríos en la soledad. El propósito de Dios es utilizar a las personas para abrir caminos y traer provisión incluso en lugares desolados.
El crecimiento espiritual implica estar dispuestos a dejar atrás determinados aspectos de nuestra manera de vivir. Esto incluye renunciar al tiempo propio, a las comodidades y a los pensamientos personales para adoptar los pensamientos de Cristo.
Mientras los pensamientos humanos pueden inclinarse hacia el egoísmo, la comodidad o el estancamiento, la disposición a participar, compartir y servir permite avanzar y crecer.
Vencer la pereza y las limitaciones personales
La práctica de reunirse los domingos por la tarde en la calle para orar y pedir perdón públicamente es presentada como una actividad que requiere esfuerzo y vencer la pereza, pero que también produce bendición y victoria.
Para hacerlo es necesaria la guía del Espíritu Santo, especialmente cuando aparecen resistencias personales. También se expresa el deseo de extender esta práctica a otras ciudades de manera simultánea.
Superar la vergüenza y los complejos al dar testimonio o hablar en público es parte de romper las cadenas y argumentos que pueden impedir el crecimiento. Las limitaciones personales tampoco son un impedimento para que Dios utilice a una persona. Moisés es presentado como ejemplo de que la falta de elocuencia no impide cumplir aquello para lo que Dios llama.
Jesucristo permanece inmutable
Hebreos 13:8 afirma que Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Su palabra no cambia a pesar de las ideologías modernas, de los cambios sociales o de las adaptaciones que algunas iglesias puedan realizar para ajustarse a los nuevos tiempos.
No se trata de intentar cambiar a Dios para adaptarlo a las circunstancias actuales, sino de permitir que las personas cambien para alinearse con Él. Su amor, su plan y sus pensamientos permanecen constantes.
Precisamente porque los tiempos son cada vez más difíciles y están marcados por un aumento del humanismo y la perversión, es necesario adaptarse cada vez más a la voluntad, la santidad, el respaldo y la gracia de Dios.
Permanecer firmes frente a las corrientes del mundo
Dejarse llevar por las corrientes del mundo puede conducir a la pérdida y a la impiedad. Por eso se destaca la importancia de recibir edificación mediante la palabra viva compartida por los hermanos del ministerio.
También se advierte sobre el peligro de buscar constantemente predicadores externos en internet. Aunque algunos puedan resultar atractivos o entretenidos, se destaca la importancia de recibir la enseñanza y la guía que se encuentran en el ministerio local.
Mientras Dios permanece inmutable, el mundo y sus pensamientos cambian constantemente. Ante esa realidad, los creyentes necesitan buscar la santidad y la limpieza en diferentes áreas de la vida, incluyendo el matrimonio y la crianza de los hijos.
Avanzar sin mirar atrás
Filipenses 3:13 exhorta a olvidar lo que queda atrás y esforzarse por alcanzar la meta del supremo llamamiento en Cristo Jesús. La mirada debe permanecer puesta en lo que Dios tiene por delante, evitando quedar atrapados en el pasado.
El ejemplo de la mujer de Lot recuerda el peligro de mirar atrás después de haber comenzado a salir de Sodoma y Gomorra. Por ello, es necesario avanzar hacia la meta sin permitir que el pasado se convierta en un obstáculo.
La disposición debe ser total, incluso ante la posibilidad de aceptar cambios o misiones en lugares como África. Se trata de estar disponibles para que Dios utilice a cada persona según su voluntad.
Confiar en Dios frente a los cambios
El miedo a los cambios que Dios desea realizar puede paralizar y provocar retrocesos. Por eso es necesario confiar diariamente en Él y superar el miedo al pasado, al presente y al futuro mediante la dependencia de su gracia.
La oración diaria permite pedir que Dios se manifieste y evita caer en una vida marcada por la rutina. Se busca experimentar su bendición, amparo, consuelo, corrección y ánimo.
Mantener una conexión constante con el Espíritu Santo ayuda a resistir las tentaciones y los pensamientos del mundo, favoreciendo el crecimiento espiritual y la gratitud.
Discernir lo que influye en nuestra vida
La bendición de Dios es presentada como un acto de amor inmerecido que no depende de los méritos personales. Por eso es necesario actuar con temor y temblor y discernir entre los cambios destructivos y aquellos cambios que Dios utiliza para transformar a las personas en buenos siervos que den buen fruto.
La guía del Espíritu Santo debe ocupar el lugar principal frente a la influencia de las redes sociales, las plataformas digitales y las noticias. También es necesario tener cuidado con el contenido que se consume, porque aquello que entra por los ojos puede contaminar y causar daño.
Cuando falta sabiduría o entendimiento, la respuesta no debe ser permanecer en la comodidad o en la ignorancia. Es necesario clamar al Señor y buscar consejo para poder tomar decisiones conforme a su voluntad.
Crecer para dar buen fruto
El propósito del crecimiento no es simplemente cambiar, sino llegar a ser personas que den buen fruto. La imagen de los árboles frutales, como el olivo o la vid, representa una vida que produce fruto, frente al chopo que consume recursos sin ofrecer utilidad.
Dios busca realizar cambios que transformen a las personas en buenos siervos capaces de abrir caminos y traer provisión incluso en lugares de sequedad. Para ello es necesario abandonar el egoísmo, vencer la comodidad y permitir que el Espíritu Santo dirija cada paso.
La vida cristiana requiere, por tanto, discernimiento, obediencia, disponibilidad y confianza. En medio de los cambios constantes del mundo, Dios permanece firme, y la respuesta del creyente debe ser mantener la mirada en Jesús, avanzar hacia la meta y dejarse guiar por su Espíritu.

