Profecía Bíblica: Avivamiento en Israel // Palabras Proféticas 86
La ceguera espiritual de Israel y la venida del Mesías
La expectativa de Israel por la llegada de un Mesías triunfante produjo una profunda dificultad para reconocer al Mesías sufriente cuando apareció. Esta búsqueda de una manifestación gloriosa e inmediata les impidió tener la humildad espiritual necesaria para identificar a quien cumplía numerosas profecías. Como consecuencia, muchos no recibieron el rescate y la redención ofrecidos por Dios.
Esta condición de ceguera espiritual ha permanecido sobre Israel al mantenerse alejados de la luz eterna que es Cristo Jesús. Sin embargo, se anuncia la cercanía de un tiempo especial de gracia divina, en el cual el Espíritu Santo traerá un avivamiento más glorioso que el vivido durante el Pentecostés apostólico.
La visión profética de Isaías sobre la restauración de Israel
Las profecías de Isaías describen un futuro de transformación y restauración para el pueblo de Dios. El profeta anuncia que el Líbano será convertido en campo fructífero, los sordos escucharán las palabras del libro y los ojos de los ciegos podrán ver aun en medio de la oscuridad y las tinieblas.
Asimismo, los humildes crecerán en alegría delante de Yahvé. En ese tiempo también desaparecerán el violento y el escarnecedor, mientras que serán destruidos aquellos que practican la iniquidad. Dios promete a la casa de Jacob que ya no será avergonzada ni mostrará señales de humillación.
La restauración y santificación de la casa de Jacob
Dios promete que la casa de Jacob contemplará a sus hijos como obra de sus propias manos. Ellos santificarán su nombre, honrarán al Santo de Jacob y temerán al Dios de Israel. Aunque Jesucristo estableció el fundamento de esta promesa mediante su obra redentora, su cumplimiento total está reservado para el tiempo final.
Las palabras de Oseas anuncian un largo período en el que Israel permanecería sin rey, sin príncipe y sin diversos elementos de su antigua estructura religiosa. Sin embargo, después de ese tiempo, los hijos de Israel volverán a buscar a Yahvé su Dios y a David su rey, mostrando reverencia hacia Dios y su bondad en los últimos días.
El nuevo pacto y la transformación espiritual de Israel
La obra de Jesucristo estableció el nuevo pacto de la gracia, reemplazando el antiguo sistema religioso. Este nuevo pacto tiene como propósito formar una familia eterna para Dios, un pueblo santo apartado para Él y participante de la ciudadanía del reino celestial.
En los tiempos finales se contempla la culminación del plan divino. Dentro de este proceso se destaca el cumplimiento de la profecía de Ezequiel, que describe el resurgimiento de Israel después de haber permanecido como nación ausente durante casi dos mil años.
La profecía de Ezequiel y la resurrección espiritual de Israel
La visión de los huesos secos presenta el proceso de restauración de Israel. Los huesos reciben nervios, músculos, órganos y piel hasta volver a levantarse y caminar. Sin embargo, esta restauración todavía no alcanza su plenitud, ya que aunque existe vida, aún falta la presencia completa del Espíritu Santo.
Ezequiel profetiza que Dios abrirá los sepulcros de su pueblo, los hará salir de sus tumbas y pondrá su Espíritu dentro de ellos para que vivan verdaderamente. Esta intervención divina representa la restauración espiritual definitiva de la casa de Israel.
La redención final y el derramamiento del Espíritu Santo
La verdadera vida espiritual depende de la redención obtenida por Cristo. Sin ella, no existe una comunión plena con Dios. Por esta razón, el cumplimiento total del propósito divino para Israel incluye el reconocimiento de Jesucristo y la recepción del Espíritu Santo.
La profecía de Zacarías anuncia que Dios derramará sobre Jerusalén un espíritu de gracia y oración. Entonces mirarán a aquel que fue traspasado y experimentarán un profundo quebrantamiento espiritual. Al reconocer a Yeshua, recibirán salvación y participarán de un poderoso avivamiento espiritual descrito como un Pentecostés final.
La purificación y humildad del remanente de Israel
Dios promete devolver pureza a los pueblos para que invoquen su nombre y le sirvan de común consentimiento. Al mismo tiempo, quitará de en medio de su pueblo toda soberbia y dejará un remanente humilde y pobre que confiará plenamente en Él.
La profecía de Sofonías señala que este pueblo renovado no practicará la injusticia ni la mentira. Yahvé estará en medio de ellos, salvándolos y gozándose sobre ellos con alegría. La humildad se convertirá en una de las características esenciales de la restauración final.
El cumplimiento de la profecía de Joel
La profecía de Joel tuvo un cumplimiento inicial durante el Pentecostés experimentado por los primeros discípulos, cuando Pedro proclamó su primer mensaje lleno del Espíritu Santo. Sin embargo, la promesa también apunta a una manifestación más amplia del poder divino.
Dios derramará su Espíritu sobre toda carne. Los hijos y las hijas profetizarán, los ancianos tendrán sueños y los jóvenes verán visiones. Además, se manifestarán señales y prodigios que acompañarán esta poderosa obra espiritual.
La gloria final de la casa de Yahvé
La gloria postrera de la casa de Yahvé será mayor que la primera. Esta promesa señala un tiempo futuro de manifestación extraordinaria de la presencia de Dios, superando todo lo experimentado anteriormente.
Jeremías describe este período como una época de gozo y abundancia. El pueblo correrá hacia el bien de Yahvé con alegría, la tristeza será transformada en gozo y la consolación divina alcanzará a todas las generaciones. La abundancia espiritual y la satisfacción serán características visibles de este tiempo.
La expansión del avivamiento a las naciones
El avivamiento que experimentará Israel no permanecerá limitado a sus fronteras. Según la profecía, el pueblo lleno del Espíritu Santo llevará esta bendición a otras naciones, incluyendo Egipto y Asiria.
Isaías anuncia que habrá una relación de bendición entre estas naciones e Israel. Yahvé las bendecirá y las utilizará para manifestar su propósito en medio de la tierra. La transformación espiritual de Israel se convertirá así en un instrumento de bendición para otros pueblos.
El nuevo pacto escrito en el corazón
Dios promete establecer un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. Este pacto será diferente al que hizo con sus padres cuando los sacó de Egipto.
La característica principal de este nuevo pacto será la transformación interior. La ley de Dios será colocada en la mente y escrita en el corazón de su pueblo, produciendo una obediencia nacida de una relación profunda y personal con Él.
El regocijo prometido para Jerusalén
Las profecías también llaman a alegrarse con Jerusalén y a compartir su futura restauración. Dios promete extender sobre la ciudad una paz abundante como un río y derramar sobre ella la gloria de las naciones.
La consolación divina será tan profunda como el cuidado de una madre hacia su hijo. Los corazones serán llenos de alegría, los huesos reverdecerán como la hierba y la mano de Yahvé será claramente reconocida entre sus siervos.
El papel del Espíritu Santo en la restauración final
Todo este regocijo prometido para Israel está directamente relacionado con la obra del Espíritu Santo. El avivamiento permitirá que el pueblo conozca plenamente la bondad, la misericordia y el poder de Dios manifestados en Cristo Jesús.
La presencia del Espíritu traerá libertad, seguridad y consolación. Los temores desaparecerán y el pueblo podrá disfrutar plenamente de la protección y el amor de Dios.
La salvación final del remanente de Israel
La culminación de estas promesas llegará cuando el remanente de Israel mire a Jesucristo, aquel que fue traspasado, y reconozca en Él al Mesías prometido. Entonces recibirán salvación y pasarán a formar parte de la Iglesia final de Jesucristo.
La gracia de Dios sobre Israel y Jerusalén producirá una gran alegría entre quienes esperan el cumplimiento de estas profecías. La restauración espiritual, la salvación y la unión con Cristo marcarán el cumplimiento definitivo del propósito divino para su pueblo.

Miguel Díez es presidente de la ONG Remar en 68 países y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo.

