¿Puede Dios olvidarse de ti? – Charles Spurgeon
La naturaleza personal y consoladora de los pensamientos de Dios
Es profundamente consolador creer en un Dios personal que piensa amorosamente en nosotros y considera nuestras necesidades. Esta idea contrasta con la noción de una deidad abstracta o de leyes impersonales de la naturaleza que actúan sin la intervención directa de Dios. La revelación bíblica presenta a un Dios cercano, atento y tierno, cuya consideración por el ser humano es fuente de consuelo y asombro.
La idea de descender de los monos o de algo con menor inteligencia no ofrece consuelo. En cambio, la Biblia revela a un Dios personal que se interesa por nosotros y piensa en nosotros con amor. Esta verdad despierta asombro y descanso interior. La experiencia espiritual personal confirma esta realidad y conduce a la adoración, como lo expresó David al maravillarse de los pensamientos de Dios en el Salmo 139.
Saber que Dios piensa en nosotros es en sí mismo algo precioso. Es un gran consuelo reconocer que Él planea todo para nuestro bien presente y eterno, como se expresa en la oración que lo reconoce como Padre celestial.
La reconciliación con Dios y el servicio a Él
Pensar que Dios piensa en nosotros puede ser aterrador si solo se le ve como juez. Sin embargo, para quienes han sido reconciliados con Él por medio de la muerte de su Hijo, esta verdad se convierte en un gozo constante. Como hijos de Dios, es motivo de alegría saber que nuestro Padre celestial piensa continuamente en nosotros.
Después de la reconciliación, servir a Dios se convierte en un privilegio. Gastar nuestras fuerzas en promover su gloria trae consuelo cuando recordamos que Dios se deleita en nuestra obediencia y servicio.
El estímulo espiritual de la observación divina
La idea de que Dios nos observa anima profundamente a quienes le son fieles. Aunque no sean apreciados por otros, saben que Dios los ve y que al final recibirán una recompensa plena por gracia. En contraste, quienes profesan ser salvos pero no sirven a Cristo no pueden hallar consuelo en esta observación divina, pues han sido comprados a un alto precio.
Aquellos que sirven constreñidos por el amor de Cristo encuentran consuelo al saber que el Señor los observa y los sostiene en su labor.
La preciosidad eterna de los pensamientos de Dios
La preciosidad de los pensamientos de Dios se aprende al depender completamente de Él como Señor de la providencia. Es consolador saber que siempre piensa en lo mejor para nosotros y nos provee lo necesario. Estos pensamientos son especialmente valiosos para quienes han recibido la gracia, ya que anhelan acercarse más a Dios y reconocen la insuficiencia de sus propios pensamientos.
La promesa de un amigo terrenal puede consolar, pero la promesa de un amigo celestial, capaz y dispuesto a cumplirla, es aún más firme. Los pensamientos de Dios son poderosos y nos atraen constantemente hacia Él, guiándonos a una comunión más cercana.
Esta verdad nos anima a creer que un día estaremos con Dios, conformados perfectamente a la imagen de Cristo. Cuanto más nos acercamos a Él, más preciosos se vuelven sus pensamientos hacia nosotros, superando en valor al oro y a los rubíes.
La eternidad y la constancia de los pensamientos divinos
Los pensamientos de Dios acerca de nosotros son eternos. Para comprenderlos, debemos ir más allá del tiempo y adentrarnos en la eternidad. Dios seguirá pensando amorosamente en nosotros cuando el universo haya cumplido su propósito y todo lo visible haya desaparecido.
Dios nos ha unido a su Hijo de tal manera que participamos de una vida eterna. Nunca nos ha olvidado, ni siquiera en los años de pecado o en los momentos de mayor depresión. Siempre ha pensado en nosotros con simpatía y cuidado, tanto en la quietud de la noche como en medio de las actividades del día.
El amor y la sabiduría en los pensamientos de Dios
Los pensamientos de Dios hacia los seres humanos han sido siempre pensamientos de amor. Incluso cuando estaban muertos en delitos y pecados, Él los amó con amor eterno. Desde la conversión, sus pensamientos siguen siendo de amor, aun cuando incluyen aflicciones que no son señales de enojo, sino expresiones de su afecto.
Estos pensamientos son también sabios, profundos y cuidadosos. Superan cualquier pensamiento humano y muestran una atención constante a cada uno de sus hijos. Dios pensó en ellos para vida eterna y estableció un pacto eterno para asegurar su salvación.
La acción divina y la fe en momentos de dificultad
Los pensamientos de Dios se hicieron acción cuando, en la plenitud del tiempo, Jesucristo murió por los injustos para llevarlos a Dios. Estos pensamientos siguen produciendo bendiciones temporales y espirituales, aplicadas por el Espíritu Santo que renueva el corazón y la mente.
Los pensamientos de Dios en contextos de traición y desdén
Los pensamientos de Dios son especialmente preciosos cuando hemos sido traicionados o abandonados. Él es el amigo más cercano y fiel. También son consuelo cuando somos tratados con desprecio, pues Jesús conoce cada situación y sus pensamientos superan los de los hombres.
Cuando nuestras palabras y acciones son malinterpretadas, podemos descansar en que Dios conoce nuestro corazón y sabe que es el amor por Él lo que nos impulsa a servir.
La fidelidad de Dios frente a la incertidumbre humana
Los pensamientos de Dios hacia nosotros son siempre de amor y fidelidad. A diferencia de los hombres, Dios nunca nos ha abandonado. Él conoce la sinceridad de nuestros motivos y podemos apelar a su justicia perfecta.
En momentos de perplejidad, es precioso saber que Dios piensa en nosotros. Podemos entregar nuestras preocupaciones al gran Pensador que extrae bien del mal y luz de las tinieblas.
La valoración de los pensamientos de Dios en momentos de alegría
Los pensamientos de Dios también son preciosos en tiempos de gozo. El creyente genuino se deleita en el Señor en toda circunstancia. Saber que Dios piensa en nosotros es una riqueza mayor que el oro, una protección superior a cualquier amistad terrenal y un consuelo que supera todo lo temporal.
La importancia de las palabras de Dios en la revelación
Si los pensamientos de Dios son tan preciosos, sus palabras lo son aún más. Están contenidas en la Escritura inspirada, que debe ser altamente valorada. Renunciar a las palabras de Dios es renunciar a sus pensamientos.
No se puede amar los pensamientos de Dios sin amar las palabras que los transmiten. A veces, una sola palabra de la Escritura, guiada por el Espíritu Santo, puede hablar directamente a la situación del corazón. La Biblia debe ser valorada por encima de todo, pues quienes más la leen la encuentran siempre nueva y nutritiva.
La fe en las acciones de Dios y la aceptación de la aflicción
Las acciones de Dios, fruto de sus pensamientos, también son preciosas, incluso cuando incluyen aflicción. La fe permite ver su valor y confiar en que todo lo que Dios hace es para el bien de su pueblo. La aflicción puede llegar a ser preciosa para quienes se someten a Él y reconocen su propósito amoroso.
Al mirar atrás, muchos reconocen que las tribulaciones fueron valiosas y que en la debilidad experimentaron un gozo especial en la presencia de Dios.
El llamado a reflexionar sobre Dios y buscar reconciliación
Los pensamientos de Dios son preciosos para los creyentes y deberían motivarlos a pensar más en Él. Si alguien ha vivido sin pensar en Dios, es tiempo de pedir perdón y buscar una relación más cercana por medio del Espíritu Santo.
Para quienes no piensan en Dios, la idea de un Dios todopoderoso puede resultar aterradora. Sin embargo, se les invita a buscar la reconciliación por medio de la fe en Jesucristo, el único mediador. Cuando esta seguridad es recibida, pensar en Dios se convierte en un deleite constante y saber que Él piensa en nosotros se transforma en una aventura continua.

